Punto de Encuentro

Esperanzas enterradas: La burocracia y la demagogia contra el agro algodonero1

La agricultura de los favorecidos y con padrinos

Si algo caracteriza a los gobiernos de las últimas tres décadas en relación con el agro, es su doble mirada. Una, para los grupos de poder, a quienes el Estado entrega y regala sus recursos (exoneraciones, subvenciones, presupuestos y la propia organización pública) sin importar los graves problemas y conflictos que acarrean, como la concentración de la propiedad de la tierra y el agua, y la precarización del empleo.

Esta agricultura, que ocupa 250 mil hectáreas ganadas a las zonas eriazas de la costa, muestra unos crecimientos en sus exportaciones (13.500 millones de dólares) generando, según se dice, millones de empleos (eventuales y con condiciones y salarios precarizados). Lo que callan es que este crecimiento, en parte, se debe a lo que dejan de pagar al Perú (algo más de 1.300 millones de dólares anuales). Las exoneraciones en nombre del desarrollo de la agricultura moderna sumarán 35 años. Son gollerías que, en nombre de una mal llamada competitividad, los gobiernos entregan nuestros recursos.

La agricultura y los agricultores abandonados

¿Qué hay para la otra agricultura, aquella que alimenta a los peruanos, que contribuye a generar autoempleo (menos precario que el del agro protegido por los gobiernos) y que sirve de freno para actividades ilícitas (como el narcotráfico)? Esta agricultura representa a 2.27 millones de productores (el 27% de los peruanos) que social y económicamente siguen abandonados a su suerte.

Para estos millones de productores, el Estado sigue siendo el gran invisible frente a sus crecientes e irresueltas demandas, pero se ha convertido en el gran devorador de los recursos públicos y, peor aún, es el gran padrino de los grupos de poder económico (se estima que son 50 los grupos económicos favorecidos por las exoneraciones de los gobiernos).

Estas son algunas cifras que nos hacen sentir vergüenza por la miopía o el interés oculto de los gobiernos al enterrar la agricultura de las mayorías. Por ejemplo: 350 mil hectáreas salinizadas en la costa; el 65% de la superficie de la sierra se cultiva en secano; alrededor de 1.67 millones de productores no tienen títulos de propiedad y 1.9 millones no tienen su propiedad inscrita en los registros públicos. Si estos resultados no alarman, analicemos la tecnificación, que se queda solo en discursos y burocracia pública: solo el 14% de la superficie cultivada utiliza semilla certificada, o cuando solo 70 mil productores recibieron asistencia técnica y un poco más de 200 mil recibieron alguna capacitación. ¿Así se construye una agricultura moderna y competitiva?

El algodón y la demagogia ministerial

De la burocracia agraria siempre se escucha que trabajan para articular a los productores directamente con el mercado porque es la mejor forma de hacer desaparecer a los intermediarios. Suena bonito, ¿verdad? En el caso del algodón, se escuchaba al ministro su compromiso por revalorar el algodón peruano porque comprobó que era una gran oportunidad para hacer del Perú un polo de exportación de textiles de la más alta calidad. No le falta razón, porque hasta el más ignorante lo sabe. El problema es que este “buen deseo” está impregnado de demagogia pura y dura.

Empieza la mentira ministerial

Como diría el buen Antonio, confiar y creer en los ministros y gobernantes es pecar de ingenuo, y a la luz de los hechos no le falta razón. ¿Por qué? Porque los pequeños productores de algodón Pima de Catacaos-Piura (CRAAP-Catacaos), creyendo en los ofrecimientos del ministro Manero, se embarcan en la tarea de recuperar la siembra de su algodón y, qué mejor, al encontrar un socio estratégico representado por los emprendedores de Gamarra, sí, aquellos del emporio de las confecciones organizados en el CITE Gamarra.

Los nuevos conquistadores de esta cruzada algodonera son 165 productores de la agricultura familiar piurana, sembrando un total de 300 hectáreas de las 600 sembradas en todo Piura.

El sinuoso camino de la mentira y los falsos compromisos empieza a sentirse cuando apenas el 28% de los productores califican y reciben crédito público después de 60 días y tras haber cumplido exigencias cargadas de papeles. Al 72% restante, el socio estratégico (CITE Gamarra) tuvo que asistirlo.

A pesar de los inicios inciertos

Transcurren los meses de siembra y, asistidos con oportunidad y experiencia por profesionales agrarios, los productores ven cómo sus plantas empiezan a mostrar sus bellotas blanquecinas con uno de los algodones más finos del mundo. Sus rendimientos son espectaculares y, mejor aún, los productores expresan sus esperanzas de que al fin podrán ver buenas ganancias.

Y se preguntarán, ¿cuál es el secreto? Tuvieron la sensatez de sembrar bajo contrato y su organización, CRAAP, formalizó el compromiso de compraventa con el CITE Gamarra: para el productor, 250 soles por quintal, asegurándoles una utilidad neta de 9.500 soles por hectárea, utilidad doblemente superior frente al arroz o maíz amarillo (cultivos de la zona). ¡Señores burócratas, aprendan que esta es la mejor forma de articulación al mercado!

Burocracia inoficiosa y del papel

Frente a esta nueva forma de construir desarrollo y prosperidad en el campo, los productores pronto ven cómo una burocracia inoficiosa y perversa para la pequeña agricultura emula a su ministro, quien con sus actos refleja el desprecio por los más vulnerables del agro. La CRAAP recibe como respuesta que no califica para un crédito para la compra del algodón a sus asociados, ni para su desmote, para así poder venderlo al CITE Gamarra. Lo peor de todo es que el socio (CITE Gamarra) acredita garantías suficientes avalando (2/1) el crédito para los productores.

Los “iluminados” del Agrobanco y del Fondo Agro-Perú, con argumentos descabellados y sin el menor empacho, le manifiestan sin rodeos a los dirigentes y productores del CRAAP que es mejor que sigan vendiendo a los intermediarios y no se hagan problemas, y que les prestarían en armadas de 300 mil cada dos meses. ¿La razón? Que no saben comercializar, no saben exportar, en resumen, que adquieran experiencia primero.

Enterrando esperanzas e ilusiones

Han transcurrido 45 días desde que se inició la solicitud del crédito y esta burocracia sigue empecinada en hacer fracasar este modelo. Enterado de la situación, el ministro Manero "dispone" que el caso sea atendido y solucionado. Como es sabido, lo hizo para salir del paso frente al emplazamiento de los productores en Chincha, adonde viajó para reunirse con los grandes empresarios textileros algodoneros, a quienes les prometió apoyo con recursos del Fondo Agro-Perú, un fondo que es solo para la agricultura familiar.

Otra de Ripley es cuando los funcionarios dicen a los productores que les irá mejor si continúan haciendo lo mismo de antes, es decir, vender a los intermediarios y luego ver cómo exportan su fibra. La riqueza no es exportar materia prima y tampoco estar en las garras de los intermediarios, o a lo mejor son estos mismos funcionarios los que podrían estar coludidos con los grupos textileros que dominan el mercado.

Finalmente, mientras sigamos teniendo autoridades y funcionarios al frente del Estado y del MIDAGRI de esta calaña, ciegos y convenidos, la pobreza y miseria en el campo se acrecientan.

¿O, señor ministro, cree usted que el agro solo se limita al centenar de grupos económicos? ¿O, en este caso, la prioridad la tienen el cartelizado grupo textilero?

Nota: al cierre de esta nota, los productores de algodón de Piura anuncian medidas de fuerza.

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