Después de todas las denuncias mediáticas, críticas políticas, morales y éticas, e indicios de posibles actos ilícitos, el Presidente José Jerí, culminó su corto mandato interino con un 26,9% de aprobación (CPI, febrero 2026). Partiendo de la premisa que aprobación no es sinónimo de intención de voto, pero ya muchos candidatos presidenciales quisieran llegar a tener la mitad de ese porcentaje. Y también son relevantes los datos que arrojó la encuesta IPSOS de la tercera semana de febrero 2026, donde un 49% de se manifestó en contra de la censura / destitución de José Jerí por parte del Congreso, un 65% manifestó que primaron los intereses políticos para su censura y un 63% respondió negativamente a la elección de José María Balcázar como nuevo Presidente interino de la República.
En un artículo de opinión anterior, cuando José Jerí tenía una aprobación superior al 50%, me preguntaba: ¿por qué tan alta aprobación con expectativas aún insatisfechas? Y mi hipótesis era y sigue siendo, que Jerí aglutinó el sentimiento anticaviar, lo cual le ha permitido terminar su mandato presidencial con una aprobación de casi 27%. Y tomando en cuenta, que no hay muertos en política, podríamos extrapolar sobre el posible piso (votación de la cual se parte) de 26,9% y el potencial techo (votación a la cual se puede llegar) de 49% que tendría Jerí. Así que los medios de comunicación, líderes de opinión y agrupaciones política que impulsaron su censura / destitución, terminaron haciéndole un favor a Jerí, proyectándolo como un candidato presidencial aglutinante del anticaviarismo para 2031.
No es una despedida de Jerí, sino más bien, y recordando a Augusto Ferrando: “un comercial y regreso”. Y el actual contexto electoral de primera vuelta, nos muestra en la encuesta IPSOS de la cuarta semana de febrero 2026, que la suma de los porcentajes obtenidos por los candidatos presidenciales caviares (López Chau, Forsyth, Vizcarra y Pérez Tello), no alcanzan ni el 10%. Aprovechar esta coyuntura interna, y con un contexto internacional y regional de viraje del progresismo al conservadurismo, será la tarea de cualquier político conservador que asuma el reto de afrontar la batalla cultural e ideológica contra la ola caviar, que ha sido predominante en los recientes 25 años en el Perú.