En pleno auge mundial de las diversas perspectivas conservadoras, triunfantes sobre las ya evidenciada doctrina woke, cuando es inminente la decadencia económica y social de los modelos izquierdistas, ya sea en Venezuela, Argentina, Bolivia e inclusive Brasil, aproximadamente el 40% de los peruanos han votado por opciones electorales directamente vinculadas al marxismo leninismo o por lo menos, al neomarxismo de origen gramsciano, que procura si no la lucha de clases, sí la confrontación entre creyentes y no creyentes, heterosexuales y homosexuales, hombres y mujeres, blancos y negros, oriundos y migrantes, etc.
Siendo que el voto del peruano promedio no está sustentado en ideología sino en las emociones que le produzcan determinados candidatos la semana o el día anterior anterior al del sufragio, la cuna del sentimiento de protesta, que se transforma en voto en favor de la izquierda, reside en gran medida, en la pobreza. Millones de peruanos no tienen acceso a la satisfacción real de sus necesidades básicas, porque lo que ofrecen al mercado tiene escaso valor; ya sea porque demasiados concurren en la misma oferta o porque sencillamente lo que saben hacer ha perdido valor al no ser requerido en el funcionamiento de la sociedad. Eso genera frustración en las personas que no encuentran cómo romper su cápsula de indisponibilidad, o peor aun, observan con tristeza que sus hijos no tendrán las herramientas necesarias para quebrar el círculo vicioso de pobreza, que devora a la familia generación tras generación.
Por ello es indispensable lograr un sistema efectivo de educación pública de calidad, que comprenda una escuela que forme integralmente a niños en la cultura del esfuerzo, institutos técnicos que otorguen a los jóvenes las competencias específicas para ser elegibles en las actividades económicas de sus respectivas regiones, y universidades que preparen profesionales suficientemente útiles a sus comunidades.
El futuro político del país no está necesariamente ligado a las modas ideológicas que se impulsan desde el extranjero, sino en un esfuerzo sostenido de toda la sociedad por transformar la educación pública.