Vivimos en el Perú una situación insólita, para no calificarla de demencial.
Nos encontramos dentro del proceso electoral más importante en el quinquenio, esto es las elecciones generales, las que comprenden al presidente de la República con sus vicepresidentes, al Congreso con sus dos cámaras legislativas como es el Senado y la Cámara de Diputados y, adicionalmente la de los parlamentarios andinos.
Pese a los problemas que se tuvieron en las elecciones del 2021, así como los cuestionamientos al proceso, los ciudadanos peruanos esperaban que en las presentes elecciones, nuestras autoridades electorales actuaran con eficiencia y evitando cualquier observación que las empañe.
Lamentablemente no ha sido como debió ser y existen muchísimas objeciones, así como voces estridentes que piden nulidad de las elecciones y convocatoria a nuevas o, por lo menos, elecciones complementarias para los que no pudieron emitir su voto por el tremendo retraso en la instalación de sus mesas.
A todo ello se agregan las acusaciones de fraude sin que previamente se haya determinado si estamos frente a enorme negligencia e ineficiencia o a actos dolosos, como es el fraude electoral.
Como si lo relatado no fuese tremebundo, estamos frente a otro escándalo mayúsculo como es que el Presidente de la República, nombrado por el Congreso después de censura tinterillezca a José Jerí -cuando lo que hubiese correspondido es vacancia, pero no tenían votos suficientes para ello- pretende el presidente Balcázar, dejar sin efecto convenios con el fabricante de aviones F-16 de última generación, a fin de recuperar la capacidad disuasiva de la Fuerza Aérea Peruana.
Ignora probablemente el presidente Balcázar que se trata de un asunto de Estado y no solo de gobierno y que desde el Consejo de Defensa Nacional, con participación de diferentes presidentes, se viene tratando de actualizar el potencial de nuestro Ejército, Marina de Guerra y Fuerza Aérea, sin olvidar a la Policía Nacional.
No se trata de alentar belicismo, sino de tener Fuerzas Armadas que impidan cualquier acto de fuerza contra el Perú, así como tener debidamente entrenados a nuestros soldados, marinos y aviadores.
Un tema que fue iniciado hace varios años y que atraviesa diversos gobiernos, así como disposiciones legales dictadas por el señor Balcázar, no pueden estar al ritmo de sus cambiantes humores, pues los asuntos de gran interés estatal tienen que ser tratados adecuadamente y más si están en juego nuestras relaciones internacionales con el país donde se fabrica el material aéreo escogido.
El asunto reviste muchísima más importancia, pues nos hace regresar a la órbita de influencia norteamericana, de la que nos alejó el gobierno de Juan Velasco Alvarado al llevarnos a la órbita soviética, que luego de desmembrarse la URSS y dar nacimiento a la Federación Rusa, esta última está en conflicto bélico con Ucrania, lo que ha impedido que helicópteros de esa procedencia se puedan reparar, actualizar y conseguir los requeridos repuestos.
Penosamente temas que debieron ser tratados con toda reserva, hoy por hoy están en boca de toda la población y son comidilla permanente y en los ojos de todo el mundo, que no puede creer todo lo que pasa en el Perú, que más que probable hasta influenciará en las inversiones foráneas que requerimos para nuestro desarrollo, crecimiento y ampliación del empleo.
Como podemos observar, ¡tras cuernos, palos!