Escribe: Juan Antonio Bazán
Manuel Alcántara Sáez y Salvador Martí i Puig han editado la cartografía politológica de la pandemia. Se trata del libro Política y crisis en América Latina. Reacción e impacto frente a la COVID-19, que da cuenta de una genealogía comparativa del poder pandémico, y de los procesos políticos y sociales de aquella coyuntura crítica en los casos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, y Venezuela. Por cierto, el libro tiene el mérito decisivo de devolverles la palabra a la ciencia política y a las ciencias sociales, pues, en aquel tiempo, estas fueron sustituidas por la medicina epidemiológica y la salud pública, y de restituirles la voz a los a los politólogos y los cientistas sociales, pues estos fueron desplazados por los epidemiólogos y los salubristas. Michel Foucault le suministra una clave fértil a la politología, en el sentido de que la epidemia convirtió en visibles, en formales, ciertas tecnologías políticas propias de la regulación de los cuerpos y de la fe, de la protocolización de la vida y de la muerte. En términos de Foucault, podría decirse que la pandemia activó e intensificó, reveló y normalizó, ciertos mecanismos y dispositivos que la normalidad política mantenía parcialmente ocultos, pero que ya estaban adheridos, de manera subyacente, al poder prepandémico. Foucaultianamente, ocurrió así: El poder pandémico, a la vez que prohibió y castigó, también produjo saberes, definió normalidades, organizó espacios, clasificó poblaciones, y estableció criterios de prelación sobre aquello que debía ser protegido; las cifras de vacunación, de contagio, de hospitalización, y de fallecimientos adquirieron una densidad política extraordinaria, pues se convirtieron en los principales instrumentos de gobierno. No obstante, ni la lógica de los saberes, ni la matemática de la sobrevida, fueron neutrales. Los lenguajes de la pandemia presuponían qué se mide y cuenta, qué se visibiliza e invisibiliza.
La pandemia amplió la cartografía de la ciencia política. Alcántara y Martí Puig, en la parte introductoria, sostienen que la pandemia fue una prueba política para América Latina, pues reveló la existencia de capacidades estatales desiguales, liderazgos contradictorios, fragilidades institucionales, polarizaciones sociales y hondas brechas económicas. El coronavirus expuso las estructuras realmente existentes del poder latinoamericano. Los casos nacionales reunidos en el libro dan cuenta de estas diferencias. Veamos: Brasil aparece como una escena dramática de negación y confrontación, pues la disputa ideológica contaminó la respuesta sanitaria; Argentina evidencia que una crisis de salud puede quedar atrapada en una polarización política preexistente; Chile muestra las dificultades de una estrategia técnica cuando no se logra comprender las desigualdades sociales que condicionan la vida cotidiana; en tanto que, Bolivia, Ecuador, México, Perú, Panamá, Paraguay o Guatemala, revelan, cada caso a su manera, que la pandemia fue también una prueba de densidad estatal. Alcántara y Martí Puig, a modo de conclusión, plantean que en la lucha contra la pandemia intervinieron capacidades estatales, liderazgos políticos, correlaciones de fuerza, condiciones sociales previas y hasta márgenes inevitables de azar. Finalmente, Política y crisis en América Latina. Reacción e impacto frente a la COVID-19 es la cartografía politológica de la pandemia.