El tiempo de los politólogos de San Marcos puede definirse, a partir de sus agentes, como un presente disciplinar cohabitado por un precursor histórico y por dos generaciones vigentes, que podrían denominarse como “la generación de la institucionalización” y “la generación de la reproducción disciplinaria”. Ambas configuraciones generacionales comparten un mismo horizonte politológico contemporáneo, pero habitan de distinta manera, tanto el tiempo, como el campo. Además, se distinguen por la forma en que llegaron a la disciplina, por los habitus que adquirieron, por los capitales que acumularon, y hasta por los objetos de estudio que aprendieron a considerar como de mayor o menor legitimidad. Este artículo está escrito en las claves de Karl Mannheim y Pierre Bourdieu. Pues, Mannheim permite incorporar la categoría “tiempo” en la sociología de la ciencia política; y, Bourdieu, permite introducir el “espacio” de posiciones donde ese tiempo se vuelve campo. En el caso de las generaciones politológicas sanmarquinas se cumple, más o menos, la idea de Ortega y Gasset de que las generaciones se suceden aproximadamente cada quince años, asumida por Manuel Alcántara Sáez al hacer encajar a dos generaciones, en su ensayo para establecer quien es maestro en ciencia política. No obstante, entre nosotros, debe quedar establecido que cada generación está integrada por agentes formados bajo condiciones históricas, institucionales e intelectuales relativamente comunes, cuya experiencia generacional produce disposiciones compartidas para comprender y practicar la ciencia política, y no simplemente una cohorte de profesores de edades semejantes.
Nuestra Escuela de Ciencia Política, básicamente, tiene un agente individual y dos agentes colectivos. Veamos. Francisco Miró Quesada Rada es el agente individual más importante, pues es el precursor histórico, y vigente; su posición es singular, pertenece al momento de autonomización de la ciencia política sanmarquina, es el creador de la Escuela, y posee el mayor capital simbólico histórico del campo. Su autoridad procede de su obra y de su trayectoria convertida en reconocimiento disciplinario. Miró Quesada representa la memoria viva del tránsito desde una política todavía alojada en el derecho político y constitucional, en la filosofía política y social, y en la sociología política, hacia una ciencia política sanmarquina que comenzó a reclamar un lenguaje, unos objetos y una identidad propios. La Escuela de Ciencia Política es creada el año 2002, y, con ello, aparecen mi generación de jóvenes profesores y, por supuesto, la generación de jóvenes alumnos. Mi generación es “la generación de la institucionalización”. Nosotros nos formamos en los años noventa, bajo una coyuntura política excepcional, marcada por el autoritarismo fujimorista, la lucha por la democracia, y una universidad intervenida por el gobierno. Nuestro habitus empezó a formarse principalmente en las Facultades de Derecho y Ciencia Política, de Ciencias Sociales, y de Letras y Ciencias Humanas, antes de que existiera la Escuela de Ciencia Política. Por ello, nuestra biblioteca generacional es hoy, a la vez, politológica e interdisciplinaria, y predominantemente teórica. Nuestra sensibilidad tendió más hacia lo idiográfico, y la comprensión de las estructuras y los procesos políticos e históricos. Nuestras trayectorias son fundamentalmente académicas, como investigadores y productores de discurso. Nuestra mayor contribución institucional fue convertir una tradición intelectual dispersa en una Escuela de Ciencia Política capaz de producir sus propios politólogos. Luego, surge la generación “de la reproducción disciplinaria”, cuyos integrantes fueron socializados desde el inicio dentro de la disciplina. Mi generación se ha enriquecido con la incorporación de otros politólogos, que comparten el habitus y los objetos, lo coetáneo y lo interdisciplinar. Entre ellos, debo mencionar a Carlos Castillo Rafael, Michael Mendieta Pérez, Carlo Magno Salcedo, Ada Gallegos Ruiz-Conejo, y Alizón Rodríguez Navia. Finalmente, he aquí una lógica del tiempo de los politólogos sanmarquinos.