La ciencia política española puede ser pensada como una comunidad hermenéutica situada dentro de un horizonte lingüístico e histórico de comprensión. Hans-Georg Gadamer podría pensar que el XVIII Congreso de la Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración (AECPA), celebrado en Granada, del 9 al 11 de septiembre de este año, puede ser comprendido como un espacio hermenéutico en el cual la disciplina actualiza su horizonte compartido de comprensión política. Se trata de un horizonte politológico constituido históricamente por un lenguaje, una tradición y un conjunto de problemas comunes, y en el cual los integrantes de la comunidad politológica hacen inteligibles sus propios objetos, interrogan la realidad política desde categorías sedimentadas y renovadas por el diálogo, e incluso participan en un proceso colectivo de interpretación y reinterpretación que hace posible que la propia disciplina una vez más se reconozca a sí misma. La magnitud alcanzada por el congreso da cuenta de la densidad que ha adquirido la comunidad disciplinaria española. Más de setecientos congresistas, más de un centenar de grupos de trabajo y ochocientas treinta y cinco ponencias aceptadas hicieron de esta edición la convocatoria más amplia en la historia de los congresos de la AECPA. Durante tres días, Granada se convirtió en el espacio social de la ciencia política española, en el cual aquello que ordinariamente permanece disperso entre universidades, escuelas, departamentos, asociaciones y redes académicas adquirió, una forma concentrada, en un mismo espacio, visible y reconocible. La comunidad disciplinaria pudo así presentarse ante sí misma, hacer perceptible su propia densidad y reconocer, en la pluralidad de sus voces y objetos de estudio, los contornos intelectuales de un campo común. Gadamerianamente, para comprender, podríamos operacionalizar brevemente ciertas categorías, como son lenguaje, tradición, horizonte, diálogo. Así, en cuanto al lenguaje, el lema del congreso, “Amenazas y fortalezas de las democracias contemporáneas”, media lingüísticamente nuestra experiencia del mundo político de hoy, caracterizado por las desafecciones políticas, las transformaciones tecnológicas, las tensiones geopolíticas; en cuanto a la tradición, la AECPA posee más de tres décadas de existencia y una trayectoria sedimentada a través de sus congresos y grupos de trabajo, afirmando así que comprender nunca significa comenzar desde cero; en cuanto al horizonte, el programa del congreso muestra cartográficamente la pluralidad de perspectivas interpretativas desde las cuales la disciplina hace inteligible lo político, como teoría política, instituciones, actores, comportamiento y comunicación política, políticas públicas, estudios internacionales, género, Unión Europea e innovación docente; en cuanto al diálogo, el congreso de la AECPA fue una muestra de cómo los horizontes particulares, como por ejemplo, el antropoceno y la decolonialidad, no permanecen cerrados, sino que a partir del encuentro con otros horizontes se interpelan y eventualmente se transforman.
El XVIII Congreso de la Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración (AECPA) fue un gran diálogo. Es así: Dialogar es comprender, y es exponerse a la posibilidad de que el otro tenga algo válido que decirnos. En este sentido, este congreso fue la institucionalización de la experiencia del diálogo, que se llevó a cabo tanto en los espacios formales de deliberación, como son las mesas y ponencias, como en los ámbitos informales del lazo social, en los cuales la conversación académica se prolonga, matiza y hasta reorienta los problemas planteados en las sesiones institucionales. El congreso tuvo como país invitado a Portugal, lo cual amplió el horizonte del congreso, pues incorporó otra tradición nacional de producción de conocimiento y favoreció el diálogo entre comunidades politológicas próximas, pero históricamente diferenciadas. Por otro lado, la presencia de politólogos latinoamericanos también amplió el horizonte, pues introdujo en el congreso sus perspectivas históricas y lingüísticas de comprensión. Finalmente, en el sentido gadameriano, la ciencia política española, por su tradición y por su XVIII congreso, es una comunidad hermenéutica.