Teoría de la negatividad aleatoria
La búsqueda de las causas invisibles
Por Joseph Abraham Villacorta Olano, M.D.
Anti-aging Medicine, Medicina de Rejuvenecimiento y Longevidad, Medicina Regenerativa
Nota de autoría conceptual
La Teoría de la Negatividad Aleatoria, su definición y estructura conceptual, en el sentido desarrollado en este trabajo, constituyen una formulación original del Dr. José Abraham Villacorta Olano, M.D.
Desde que tenía 17 o 18 años hay una observación que me ha acompañado. Existen días en los que todo parece funcionar: las personas responden favorablemente, los planes resultan y hasta aquello que parecía complicado termina resolviéndose. Pero hay otros días, imposibles de anticipar, en los que sucede exactamente lo contrario: una reunión se cancela, una llamada no llega, aparece un retraso, una gestión sencilla se complica y una circunstancia negativa parece arrastrar a la siguiente.
Lo curioso es que aquello que fracasó puede intentarse nuevamente uno o dos días después y funcionar perfectamente.
¿Por qué? Como médico he pasado buena parte de mi vida buscando causas. Frente a un síntoma observamos, interrogamos, formulamos hipótesis y buscamos un diagnóstico. Por eso me cuesta conformarme simplemente con decir: “fue un mal día” o “mala suerte”. Quizás lo sea. Pero también podría existir algo más.
De esta inquietud nace lo que denomino
Teoría de la Negatividad Aleatoria.
Definición fundacional Negatividad Aleatoria: Fenómeno circunstancial e imprevisible en el que una persona experimenta una convergencia inusual de acontecimientos adversos, aparentemente independientes y sin una causa inmediata identificable, cuya aparición podría resultar de la interacción transitoria entre factores internos, externos y azarosos aún no plenamente comprendidos.
Nuestro cerebro y nuestro organismo no funcionan exactamente igual todos los días. El sueño, el estrés, la atención, los ritmos circadianos, el estado metabólico y complejas redes neuroquímicas pueden modificar sutilmente nuestra percepción y conducta.
Una pequeña variación interna podría producir una decisión diferente. Esa decisión modifica una circunstancia; esa circunstancia condiciona otra respuesta y comienza entonces un posible efecto dominó.
Dormimos mal. Estamos menos atentos. Interpretamos equivocadamente una frase. Contestamos de otra manera. Llegamos tarde. Encontramos, además, a otra persona atravesando su propio mal día. De pronto, varias circunstancias inicialmente independientes convergen.
¿Azar? ¿Biología? ¿Entorno? ¿O una combinación de todos ellos?
Aquí está el núcleo de mi propuesta: aquello que llamamos aleatorio quizá no siempre carezca de causa. Puede tratarse, en determinados casos, de una cadena causal que todavía no conseguimos reconstruir.
No presento esto como un hecho científicamente demostrado, sino como una hipótesis que merece ser explorada. La ciencia exige precisamente distinguir entre aquello que sabemos y aquello que todavía estamos intentando comprender.
Existe, finalmente, una dimensión espiritual que personalmente no puedo excluir. Como médico busco mecanismos biológicos; como hombre de fe reconozco a Dios como Creador y Artífice de la vida. No considero necesariamente enfrentadas ambas miradas: la ciencia busca comprender el mecanismo; la fe, el significado.
La Teoría de la Negatividad Aleatoria queda, por tanto, abierta a la investigación.
Tal vez la negatividad aleatoria no sea la ausencia de una causa.
Tal vez sea simplemente la presencia de causas que todavía no hemos aprendido a ver.