No existe unanimidad de criterios respecto al número ideal de partidos políticos que deben existir en un sistema de partidos. Muchos ponderarán el bipartidismo llamándolo inclusive como “sistema perfecto”, sin embargo, pese a que reconozco sus bondades desde una perspectiva realista antes que optimista me parece que sociedades como la nuestra no están preparadas para tener que decantarse sólo entre dos opciones, además me asalta la legítima interrogante respecto a cuáles podrían ser esas dos fuerzas políticas y si la mayoría de peruanos se alinearía en alguna de ellas.
Otro dirán que la salida a la polarización a la que nos conduciría el bipartidismo, sería contar con un sistema de pocos partidos, entre 3 y 5, sin embargo, la duda sobre quienes serían éstos me sigue haciendo ruido, máxime si nos encontramos en una época de partidos carentes de ideología y existen en el Perú actualmente 23 partidos y la mayoría de ciudadanos no se identifican con ninguno conforme se lee en el Latinobarómetro
Sin embargo, donde la mayoría coincide es que 23 partidos son un exceso y que esto no resulta beneficioso bajo ningún punto de vista. La pregunta que surge entonces de inmediato es ¿Cómo hemos podido llegar a tener tantos partidos? La respuesta es muy sencilla y para ello basta con revisar los requisitos y exigencias legales que las organizaciones políticas deben cumplir para que puedan inscribirse como tales.
Nuestra legislación exige tres tipos de requisitos: a) Requisitos de naturaleza documental, b) Designaciones personales y c) Requisitos que demandan trabajo de campo y una posterior verificación de firmas por organismos electorales.
Dentro del primer grupo se requiere la presentación de un Acta de Fundación y un Estatuto. En el segundo grupo se exige la designación de Personeros Legales, del Representante Legal y de Tesoreros y en el tercero la presentación de firmas de adherentes y de comités partidarios.
Convengamos que los requisitos de índole documental son de muy fácil cumplimiento, pues al margen de la calidad histórica puede adquirir el documento fundacional y la importancia de su contenido, en modo alguno dificultan un proceso de inscripción, sucede lo mismo con la redacción de una norma estatutaria cuyo contenido incluso es fijado por la propia Ley de Organizaciones Políticas.
Respecto del segundo grupo de requisitos, éstos tampoco representan algún reto serio para quienes aspiran a constituir un partido político, pues corresponden a designaciones nominales muchas veces concomitantes con el acto fundacional, además dada la naturaleza de los cargos, normalmente recaen en personas del entorno del líder partidista
Nos quedan los requisitos del tercer grupo y dejando al margen la constitución de comités, la verdadera dificultad para quienes quieren inscribir un partido reside en las firmas que debe conseguir.
Somos de la opinión que el establecimiento de requisitos para la inscripción de un partido político debe encontrar un punto de equilibrio. De un lado, debe tener el nivel de rigurosidad necesario que impida la proliferación de partidos y del otro debe ser también lo suficientemente flexible para que permita la inscripción de nuevas organizaciones políticas de moto tal que las actualmente inscritas no sientan que tienen el estatus de pertenencia a un club exclusivo que no admite más miembros.
Como reza el título de este artículo nos ocuparemos de las firmas y para ello les invito a reflexionar sobre lo sintomático que resulta advertir que algunos partidos obtuvieron en las últimas elecciones generales un número de votos muy inferior al número de firmas válidas que presentaron para logar su inscripción, lo cual revela la poca transcendencia del requisito. Nos referimos por ejemplo a los partidos políticos Progresando Perú y Orden quienes obtuvieron 75,870 y 65,673 votos respectivamente no obstante que para su inscripción necesitaron casi 150,000 firmas válidas.
De otro lado, no puede soslayarse que la obtención de firmas acaba ciertamente siendo un escollo ya que con el paso del tiempo estas se han incrementado de 145,045 (año 20067) a 493,992 y desde el 2016 a 733,716 adherencias, las mismas que equivalen al 4% del total de electores que votaron en las elecciones del año 2016, cantidad que se incrementará el próximo año a más de 800,000 en base al número de votantes en las últimas elecciones del mes de octubre.
Sobre el particular, proponemos reducir el número legal de adherencias para la inscripción de organizaciones políticas, el mismo que podría pasar del actual 4% al equivalente del 1% del total de electores de la última elección de carácter nacional, con ello, se abre la posibilidad que nueva opciones políticas ingresen al sistema de partidos.
Sin embargo, una media como la propuesta podría resultar contraproducente si paralelamente no se ponen algunos filtros, pues una drástica reducción del número de adherencias sin que se aprueben medidas adicionales, solo agravaría la situación pues elevaría notoriamente el número de partidos y debitaría nuestro sistema partidista.
Es por ello que esta reducción de adherencias debe ir acompañada de cuando menos dos medidas importantes. La primera, consistiría en eliminar la presentación de firmas para reemplazarlas por adhesiones biométricas, lo cual generará absoluta certeza sobre su legalidad y a su vez eliminaría el mercado negro o fábrica de firmas existente. Recordemos que los organismos electorales no hacen una pericia grafotécnica de cada firma presentada, solo hacen una contrastación entre la firma presentada y el padrón electoral con lo cual muchas firmas se consideran como buenas cuando pueden no serlo.
La segunda, consistiría en establecer que estas adherencias, tal como ocurre ahora con las firmas, deben importar para quien la presta un determinado nivel de responsabilidad así como para el partido, de modo tal que quien se adhiere biométricamente a un partido político, lo hace sabiendo que pasará a ser parte del mismo y por tanto, que adquirirá los derechos y obligaciones que el estatuto confiere a los afiliados, consecuentemente, el requisito pasaría a ser la presentación de un padrón de afiliados y no una simple relación de ciudadanos firmantes cuyas firmas.
En buen romance, en lugar de solicitar tantas firmas de adherentes como requisito para la inscripción de un partido, firmas cuya revisión no es rigurosa y que además genera incentivos para la existencia de un mercado negro o fábrica de firmas, requiramos la presentación de un padrón electoral con adhesiones biométricas.
Dejo abierto el debate.