Un Paralelo entre la Extorsión en el Perú y la polvorienta y despiadada desolada geografía de la saga de Mad Max.
George Miller nos presenta un futuro distópico donde la ley ha colapsado, la supervivencia depende de la fuerza bruta y existe una lucha constante por recursos escasos.
Aunque ambientada en un contexto de ficción post-apocalíptico, la esencia de la extorsión, el crimen organizado y la vulnerabilidad de la sociedad coincide con la actual situación que enfrentan muchos ciudadanos y emprendedores en el Perú, especialmente el transporte público.
La reciente marcha de transportistas en Lima, motivada por la creciente inseguridad, las extorsiones y la matanza de choferes y cobradores nos obliga a trazar un paralelismo con el universo de Mad Max. En la saga, las bandas motorizadas, lideradas por señores de la guerra sedientos de poder y recursos (agua, gasolina, alimentos), imponen su ley a través del terror y la violencia. Exigen tributos, controlan rutas y castigan con brutalidad la resistencia.
De manera análoga, en el Perú actual, organizaciones criminales han tomado control de facto de ciertas "rutas", no precisamente carreteras desérticas, sino las líneas de transporte público mototaxis, los mercados, la construcción y diversos negocios. Los transportistas, como los indefensos viajeros en el páramo de Miller, se ven obligados a pagar "cupos" para poder operar, una forma moderna y perversa de extorsión que garantiza la supervivencia de los criminales a costa del trabajo y el miedo de sus víctimas.
Encontramos similitudes en la impunidad y la ausencia de la ley. En Mad Max, las autoridades han desaparecido o son corruptas, dejando a los ciudadanos a merced de las pandillas. Los transportistas ven a sus compañeros asesinados por negarse a pagar o por denunciar , mientras que la protección estatal, es una promesa vacía.
En el desierto post-apocalíptico, cada día es una batalla por no ser despojado de lo poco que se tiene y sobrevivir. En el Perú la extorsión es constante y si no te drenan las ganancias te quitan la vida.
Si bien no vivimos yermo estéril, la erosión del estado de derecho y el crecimiento del crimen organizado están creando zonas donde la ley del más fuerte comienza a imponerse, amenazando la estabilidad social y el futuro del país.
Debemos advertir sobre el peligro de permitir que la anarquía y el terror se apoderen de nuestro territorio.