Punto de Encuentro

Los selfies de los Duques de Guermantes

18 Agosto, 2015

Juan Biondi

Aunque sea un poco extenso –y por eso algo inusual en este medio- les ruego que compartan conmigo el placer de leer el siguiente fragmento de la magnífica prosa de En Busca del Tiempo Perdido. Aparte del placer estético, resultará útil para el dimensionamiento de algunas reflexiones que hacemos al final de esta nota.

“Pues, mi querida amiga, que estaré muerto desde algunos meses antes. Según los médicos con quienes he consultado, a fin de año, el mal que tengo y que puede, por otra parte, llevárseme en seguida, no me dejará, de todas maneras, más de tres o cuatro meses de vida, y aun eso es un gran máximum, respondió Swann sonriendo mientras el lacayo abría la puerta encristalada del vestíbulo para dejar pasar a la duquesa, Qué está usted diciendo ahí? –exclamó la duquesa y deteniéndose un segundo en su marcha hacia el coche y alzando sus hermosos ojos azules y melancólicos, pero llenos de incertidumbre. Puesta por primera vez en su vida entre dos deberes tan diferentes como subir a su coche para ir a cenar fuera, y dar muestras de piedad a un hombre que se va a morir, no veía en el código de las formas sociales nada que le indicase qué jurisprudencia había de seguir, y como no sabía a cuál dar preferencia, creyó que debía hacer como si no creyese que la segunda alternativa  hubiera de plantearse, de modo que obedecería a la primera, que en aquel momento exigía menos esfuerzos, y pensó que la mejor manera de resolver el conflicto era negarlo- . Tiene usted ganas de broma, dijo a Swann. Sería una broma de un gusto encantador –respondió irónicamente Swann-. No sé por qué le digo a usted esto; nunca le había hablado de mí enfermedad hasta aquí. Pero como me lo ha preguntado usted y ahora puedo morirme de un día a otro… Pero sobre todo no quiero que se retrasen ustedes; cenan ustedes fuera, añadió, porque sabía que, para los demás, sus propias obligaciones mundanas están por encima de la muerte de un amigo, y se ponía en el caso de ellos, gracias a su cortesía.”.

“Mire usted, volveremos a hablar de eso; no creo ni una palabra de lo que dice, pero tenemos que hablar de ello juntos. Le habrán asustado estúpidamente; venga usted a almorzar el día que quiera (para la señora de Guermantes, siempre se resolvía todo en almuerzos); ya me dirá usted el día y la hora…. Iba a entrar en el coche cuando, al ver aquel pie, exclamó el duque con una voz terrible: ¡Oriana!, qué iba usted a hacer, desdichada? ¡Se ha dejado usted puestos los zapatos negros! ¡Con un traje rojo! Vuélvase arriba, aprisa, a ponerse los zapatos rojos, o si no –dijo al criado- dígale usted en seguida a la doncella de la señora duquesa que baje unos zapatos rojos.”.

“El duque no sentía el menor empacho en hablar de los achaques de su mujer y de los suyos a un moribundo, porque como los primeros le interesaban más, le parecían más importantes. Así, fue solamente por educación y por desenvoltura por lo que, después de habernos acompañado amablemente, gritó en un aparte y con voz estentórea, desde la puerta, a Swann, que estaba ya en el patio: Además, no se deje usted amilanar por esas estupideces de los médicos, ¡qué diablo! Son unos asnos. Está usted tan firme como el Puente Nuevo. ¡Nos enterrará a todos!”

Me disculparán, pero no podía dejar de citar de la manera más completa posible el texto anterior. Los párrafos son de uno de los  pasajes magistrales de El Mundo de Guermantes, tomo III de En Busca del Tiempo Perdido de Marcel Proust, y nos hacen pensar en la oportunidad de lo que se comunica, en la importancia de la ritualidad o en cómo esta cuando es oportuna comunica y cuando no, incomunica. Y en cómo el otro atiende a lo que estamos comunicando.

Es lo mismo o similar a lo que se encuentra en Facebook: una persona dice que está muy deprimida o cuenta un hecho muy triste y recibe cientos o decenas de likes (¡¡¡). A continuación, algunas de las personas que pusieron like, comunican que comieron un cebiche delicioso o que se pusieron una ropa muy bonita, con foto incluida (¿el almuerzo de la Duquesa o los zapatos negros del Duque?).    

La comentada foto de los selfies de los Ministros pone en evidencia cuánto les importa –hasta a ellos- lo que declara su Presidente. Aun cuando esto signifique la ruptura de la propia ritualidad oficial.

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