Punto de Encuentro

La federación Aprista Juvenil y sus 81 años

“Nada por mí, todo por un Perú justo y generoso”
Armando Villanueva del Campo

La historia política del Perú no puede ser entendida cabalmente sin estudiar al APRA. Y la historia del APRA no puede ser entendida sin estudiar a la Federación Aprista Juvenil (FAJ), antecedente de la Juventud Aprista Peruana (JAP).

Así es. El APRA es una de las instituciones políticas más antiguas de América Latina y el Perú. Y la FAJ una parte central de ella. Fundada por el legendario Armando Villanueva del Campo, esta federación cumplió (y sigue cumpliendo) un rol protagónico en formar a las juventudes que adhieren a la causa del aprismo.

Pero qué decir de ella y qué preguntarse más allá del aspecto litúrgico y orgánico que cumple dentro del APRA. Hay mucho qué preguntarse en estos nuevos tiempos de nuevas tecnologías y de nuevas juventudes pragmáticas, economicistas e informales (en el sentido cultural del término). De acuerdo a ello, ¿qué retos debe plantearse la JAP, ex FAJ?

Estos nuevos tiempos ha generado que la nueva plataforma tecnológica sea más que un medio para transmitir información. Como dijo el sociólogo Marshal Mcluhan: “el medio es el mensaje”. Ese es el sentido que la JAP debe comprender. Comprender el uso de las nuevas tecnologías de la información como una plataforma de encuentro, que complementa el trabajo territorial, es comprender la dinámica social actual de nosotros los jóvenes. El cual pasa por compartir (no direccionar) experiencias sociales, barriales, culturales, etc. Ese es el punto que dice mucho de la actualización de toda organización social y política. Ese es uno de los retos que tiene actualmente la JAP.

El otro reto pasa por comprender y trabajar entendiendo al joven migrante y de este nuevo tiempo. Los jóvenes actualmente critican constantemente la política tradicional y, por extensión, critican a los partidos políticos por demagógicos y por corruptos. Los jóvenes actualmente trabajan más que militan; se socializan por el mercado más que por el partido. La información ya no pasa por un dirigente, pasa por los medios tradicionales (TV y radio) y por los alternativos (internet). La juventud (como antaño) ya no pasa por jerarquías sino por plataformas horizontales como Facebook y Twitter. A esto habría que agregar que la adhesión identitaria cada vez se vuelve más precaria, producto de los nuevos tiempos y de la informalidad. Y que el joven migra constantemente de un lugar a otro. Así estamos actualmente.

¿Qué hacer sobre estos puntos? Pues flexibilizar la estructura orgánica que tiene la JAP. Trabajar sobre temas concretos y hacerlos permanentes en el tiempo hasta que cobre organicidad. El tema del emprendimiento juvenil vinculado a la defensa de sus derechos sería un buen ejemplo de ello.

Por otro lado, el trabajo territorial en organizaciones sociales (vinculado a temas de derechos y de consumo) debe ir acompañado de un trabajo en redes sociales compartiendo experiencias cotidianas bajo las cuales surgen y se desenvuelven en el tiempo las organizaciones, como lo hizo el movimiento estudiantil chileno por ejemplo.

También se debe tener en cuenta que la política pasa por generar (o reconstruir desde la sociedad) identidades políticas más que “carnetizar” o “ideologizar”. El mercado se ha posicionado en la sociedad peruana y, por ende, en la juventud.

Entenderlo para el accionar político es importante. La política requiere de estrategias para cada momento político. A eso debe apuntar la JAP para el trabajo con la actual juventud.

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