Es preocupante que a cinco meses de elegir al próximo presidente del Perú, la encuesta “Libros y hábitos de lectura” publicada por la Pontificia Universidad Católica (PUCP), revele que los peruanos y peruanas entre 18 y 29 años edad, en edad para votar, solo leen tres libros al año.
La importancia de esta cifra se relaciona con otras que nos brinda el reporte de la PUCP, como por ejemplo, a la pregunta ¿con qué frecuencia lee libros?, tenemos como resultado que el 24.4 por ciento de encuestados, responde que “alguna vez al mes”.
En el mismo segmento, se ha encontrado que el 71.4 por ciento dice que no lee porque no tiene tiempo, o porque prefiere dedicar sus horas a otras actividades como ir a festividades. Llama a la reflexión este resultado, si suponemos que es una etapa que trascurrirá en las aulas de las universidades, o en la formación académica. ¿Qué tipo de profesionales estamos formando si solo leen tres libros al mes?
La importancia de contar con una sociedad que lee es que no se deja engañar. Las personas que leen, no creería en discursos del tipo “oro o agua” o “raza diferente”.
Por ello es importante que en este nuevo proceso electoral pongamos atención a las propuestas a favor de la cultura, la educación, el deporte.
En esa línea, veo con preocupación la candidatura de César Acuña para nuestro país. Acuña es un hombre que ve en la presidencia una empresa, como en la educación un negocio. Al jactarse de no leer libros, se convierte en el Mario Hart de la política.
Además, César Acuña considera que es un ejemplo de cómo se puede alcanzar el éxito sin necesidad de leer un libro. Triste. Debería leer al Conde de Keyserling, cuando escribía que una persona debía tratar de alcanzar la riqueza para poder deparar un mayor tiempo a cultivar su espíritu a través de la cultura. Lo que enriquece a un hombre es su alma. No la cantidad de monedas en su bolsillo.
Ese es el mensaje que el candidato Acuña debería darle a los jóvenes entre 18 y 29 años, que dicen que no leen por falta de tiempo, y que podrían ser los alumnos o alumnas de sus universidades. Pero Acuña jamás lo entenderá. Acuña solo ve la cornucopia en el Escudo Nacional.