Punto de Encuentro

La Gran Meada

“Oiga, yo soy un hombre institucionalista, primero tengo que consultarlo con mi gente”…(*) respondía Alejandro Toledo a la prensa que intentaba conocer si el cholo sano y sagrado consolidaba una alianza con el Nacionalismo para las elecciones presidenciales 2016. Pero como siempre se hace el interesante, sobre paró su andar como quien no quiere la cosa y entre micrófonos y celulares, remató diciendo: “Las cosas internas se ventilan internamente, ya no voy hablar”.

Hacer alianzas políticas no tiene nada de malo, lo malo es que no funcionan. Recuerdo al Fredemo por ejemplo, una de las más grandes coaliciones. Hablar de alianzas es hablar de pactos, de cubrirte las espaldas, de defender a uno de los tuyos si estrellan su rostro contra el piso, de mentir a pesar que tu compañero tenga la culpa, al mismo estilo del matrimonio una alianza es estar siempre juntos; en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad, así de grave es, claro si haces cochinaditas con mayor razón.

Tan rochosa son las alianzas que el pastor Lay, “el chino bueno” dijo: “La relación de Acuña con menor de edad no fue violación, sino un error”, respecto a una acusación contra su jefe. Se puede entender que sea un ataque político teledirigido, pero uno no deja de preguntarse qué rayos le pasó al pastor para que agache la cabeza de esa manera. La conclusión es que su alianza buscará avalar cualquier pachotada con tal de ganar las elecciones.

Humala no hablaba de alianzas en sus discursos antes de ser presidente, renegaba de la clase política que habían arruinado al país y de sus componendas cuando los partidos se reagrupaban para no quedar liquidados en las elecciones o para alcanzar cuotas de poder. En el 2009 cuando reporteaba en CPN Radio cubría las acciones de Humala en un salón de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el candidato de entonces trataba de convencer a los estudiantes que las alianzas son dañinas y que su gran transformación salvaría al Perú.

Hasta que sucedió lo inesperado. La necesidad se apoderó de mí y fui al baño a orinar a pocos metros de ese salón. En el preciso momento de la descarga, apareció el mismo Ollanta Humala, así que luego de un ligero saludo de miradas ambos orinamos en una especie de alianza, y me atrevo a decir que nos meamos sobre las alianzas partidarias que buscan beneficios propias, para terminar refrendando con palabras jocosas que la única Alianza que conocíamos era el de Alianza Lima, y yo sin ser hincha de ese equipo. Así de manera simbólica se concretó la Gran Meada sobre las alianzas políticas, fue lo único en que coincidí con el que después se convirtió en Presidente de la República.   

Una alianza que asoma es la del PPC, aunque todavía no se termina de definir el perfil de su socio estratégico, lo cierto es que esa alianza ya sea con el Apra, PPK, APP o cualquier otro grupo, deberá brindarle a Lourdes Flores y a sus seguidores la tranquilidad de seguir vigente y extender su fecha de caducidad y de yapa un pequeño kit de poder, no importa si es con respirador artificial, y a su vez el PPC deberá ofrecer un mejor Make Up al partido aliado para ganar simpatía y de paso algunos votos para alcanzar la segunda vuelta.

Alianzas menos o alianzas más, en el Perú las alianzas terminan en broncas, en insultos y traiciones porque lo que los une no son las coincidencias ideológicas, ni la visión de futuro en común del país, solo es una ayudadita, una patadita de suerte en el “To to”, sino pregúntenle a Solidaridad Nacional y a Somos Perú que harán de todo para sobrevivir, porque ya le tiraron maicito a PPK.

Todo quedará definido este 12 de diciembre cuando vence el plazo para formalizar las alianzas partidarias. Sin duda van a estar llenas de sorpresas y desencantos. Es el juego de la política que beneficia a muchos y jode al pueblo, pero es el pueblo que puede romper esas alianzas con una Gran Meada.

 

(*) Declaraciones en Canal N, 01 diciembre 2015

 

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