Hay un problema que está afectando a los serenazgos de algunas municipalidades de Lima y es su propia gente. En algún momento Serenazgo, significó una fuerza de orden voluntariosa al servicio del vecino, pero lamentablemente en los últimos años hemos visto como se ha ido convirtiendo en barras bravas de pandilleros uniformados dispuestos a enfrascarse en batallas campales con piedras y palos en medio de una calle tranquila de San Isidro y Magdalena a plena luz del día, como si se tratasen de pandillas rivales lidiándose las mazmorras donde aprendieron esas artes.
Aunque suene duro decirlo, los serenazgos no pueden trabajar con gente reciclada de pandillas, barras bravas o centros de desempleo. Necesitamos profesionalizar a nuestros agentes usando todos los recursos institucionales del estado, sean humanos y/o materiales. No puede haber en el seno de Serenazgo gente que en algún momento ha tenido relación directa o indirecta con la delincuencia. Este riesgo aumenta la posibilidades de que en el Serenazgo se puedan infiltrar facilitadores de la criminalidad que ponen en riesgo el sistema de seguridad y la seguridad de miles de vecinos, Y no es que no crea en la reconversión de ex reos, pandillero, etc, pero creo que la naturaleza de la función de prestar seguridad a la ciudad y su eficiencia, requiere de ciertas actitudes y aptitudes que permitan garantizar un trabajo eficiente.
Recuerde que lo que está en juego en el tema de seguridad, como el que estamos tratando, no sólo es la propiedad material que nos pertenece; sino también la integridad misma que, como ciudadano y ser humano, nos corresponde.