He elegido la fábula de los tres cerditos como metáfora para representar la situación actual y proyección del Foro APEC por dos razones: es poco probable que alguien no la conozca y porque me parece bastante interesante hacer un ejercicio de síntesis, de manera dinámica, que informe sobre la importancia que este espacio multilateral significa para el Perú este año.
La reunión anual y más importante del Foro Asia Pacific Economic Cooperation (APEC) se llevará a cabo en Perú, en noviembre de este año, e incorpora a 21 economías pertenecientes a tres continentes del planeta (Asia, Oceanía y América), con una dinámica política y económica diversa que podríamos agrupar, a modo de referencia, de la siguiente manera de acuerdo a datos del PIB (% anual) del Banco Mundial:
- Los cerditos menores que han conseguido construir una economía “de paja”, la cual les ha otorgado crecimiento, pero que no les garantiza sostenibilidad, su PIB (Producto Interno Bruto) se mantiene gracias a un modelo de apertura comercial que, al no haber logrado una redistribución equitativa de la riqueza y no reducir los índices alarmantes de desigualdad social, no tiene asegurado el camino al desarrollo económico. En este grupo encontramos a Brunei Darussalam, Papúa Nueva Guinea, Perú y Vietnam.
- Los cerditos medianos que han alcanzado diversificar su economía “de madera” y no depender únicamente de la exportación de recursos naturales o industrias ligeras sino que han potencializado el comercio de servicios. Se han consolidado como economías emergentes y aparentemente a un paso de ser consideradas desarrolladas, pero dependientes de las importaciones de sus principales socios comerciales y de la actuación política de éstos en la comunidad internacional. En este grupo encontramos a: Chile, Indonesia, Malasia, Hong Kong, México, Filipinas, Taiwán y Tailandia.
- Los cerditos mayores que tienen una economía “de ladrillo”, industrializada y sólida, orientada a la investigación de la alta tecnología para el desarrollo de la actividad empresarial. Estos países han propiciado calidad de vida para sus habitantes, quienes pueden acceder a educación, salud y vivienda de calidad, entre otras categorías. Se han posicionado como paradigmas orientadores del comercio internacional. En este grupo encontramos a: Australia, Canadá, China, Japón, Nueva Zelanda, Rusia, Singapur, Corea del Sur y Estados Unidos.
En este contexto, se entiende que existe una relación diferenciada entre las economías conformantes de APEC, las que son primario exportadoras y emergentes aún se encuentran en desventaja con respecto a las que han alcanzado índices de desarrollo muy altos producto de la industrialización y la inversión en tecnología, pero ello no constituye un obstáculo sino una oportunidad para maximizar las condiciones de liberalización que sean favorables para corregir los problemas estructurales de cada Estado miembro del Foro.
El lobo: la ambivalencia de la globalización, tanto su variable aspecto negativo como positivo conlleva a que replanteemos su gestión en la observancia y seguimiento de los tratados comerciales para ampliar sus beneficios en todos los niveles: nacional, regional e intercontinental.
Finalmente, me adhiero a la siguiente afirmación de Joseph Stiglitz, quien recibió el premio nobel de economía (2001), expresada en El malestar en la globalización:
“Creo que la globalización – la supresión de las barreras al libre comercio y la mayor integración de las economías nacionales – puede ser una fuerza benéfica y su potencial es el enriquecimiento de todos, particularmente los pobres; pero también creo que para que esto suceda es necesario replantearse profundamente el modo en el que la globalización ha sido gestionada, incluyendo los acuerdos comerciales internacionales que tan importante papel han desempeñado en la eliminación de dichas barreras y las políticas impuestas a los países en desarrollo en el transcurso de la globalización”.