En la reciente visita del presidente electo PPK a Chile, lanzó una frase, esperanzadora y preocupante a la vez: “El Perú puede exportar energía”. Parecen ser medidas prematuras o tal vez un mensaje para inversionistas chilenos preocupados por el déficit energético que tanto adolece el norte chileno. Manteniendo distancia de cualquier discurso nacionalista y anti – chileno, centrémonos en la praxis: al parecer, PPK necesita lecciones urgentes sobre seguridad energética y de abastecimiento al mercado interno. En el 2003, Bolivia fue parte un episodio donde entró en conflicto la nacionalización contra la privatización del sector hidrocarburos. El desenlace fue sin precedentes: la caída del gobierno neoliberal de Sánchez de Lozada al pretender vender gas boliviano a través de puertos chilenos, no solo a EE.UU. sino también a Chile, bajo acuerdos que eran negociados por debajo de la mesa.
Recientemente, en una de las regiones más pobres de nuestro país, Ayacucho, se dio un incremento de casi el 3% en el precio del balón de gas. ¿Cómo es posible pensar en abastecer energía, gas como principal recurso, a otros países, cuando los sectores más vulnerables sufren los estragos de los precios excesivos por un balón de gas? Resulta contradictorio: mientras el importador de gas paga precios establecidos bajo un contrato y de acuerdo a los precios del mercado, sectores vulnerables en Ayacucho son víctimas de la especulación de los intermediarios. Estos sucesos traen como reflexión, que mientras la seguridad energética no esté presente en el debate público, estamos lejos de tener una cultura de abastecimiento energético, como pilar del modelo de desarrollo en el Perú.
Mientras que PPK hace referencia a la urgente modernización que necesita PETROPERÜ, se puede apreciar que su cuerpo de asesores y expertos en energía, no saben que ya existe un instrumento de política pública que es la Ley N° 30130 del 18 de diciembre del 2013, la cual tiene como prioridad uno la reorganización de gobierno corporativo de la empresa pública, en un plazo no menor a 270 días. Ya pasaron casi 3 años y parecería que toda ley es letra muerta. Como señala Campodónico en un reciente artículo a partir de los sucesos del derrame de petróleo en la selva peruana, existe como que un sector antipatriótico y conspirador contra el desarrollo autónomo de PETROPERÚ, como baluarte del desarrollo energético.
Da la impresión que hay intereses transnacionales, con un lobby tenaz en el Parlamento, que le impide al Perú dar el gran salto hacia recuperar su liderazgo en las fases que comprende la explotación de hidrocarburos. Hay algo, que trata de trabar toda iniciativa para que PETROPERÚ retome la inversión en fases de exploración y explotación de nuevos Lotes en la selva. Esa capacidad ya le fue arrebatada a la empresa pública en los 90’s, con la privatización del sector, pero que con el “boom” del gas de Camisea a bajos precios para el mercado externo, las transnacionales retomaron su interés en el Perú, para seguir sumergiéndolo en esa categoría de país “primario – exportador”. Ya no estamos para ello.
Intereses trasnacionales no son ajenos al desarrollo energético del Perú. Es como volver a leer la misma historia de siempre, solo que con distintos gobiernos y el mismo desenlace de siempre. Hace falta iniciativa, poner el acelerador para liberarse de ese lobby neoliberal que traba el riesgo que debemos asumir, pero con miras a un proyecto nacional en base al abastecimiento energético del mercado interno. Bolivia ya lo hace: le vende gas a Argentina y Brasil a precios negociados cada cierto tiempo y de acuerdo a las demandas de los compradores. ¿Alguna vez hemos visto en los medios de comunicación negociación alguna por parte del Estado peruano con las empresas extranjeras? No, ni lo verán. El Estado peruano es frágil, pero aún más frágil es el desinterés de la ciudadanía en preservar su seguridad energética.