Punto de Encuentro

El saber ilustrado muere en las aulas

El reconocimiento de la educación como un derecho fundamental del ser humanos es reciente y podemos encontrar sus orígenes en los pensadores y filósofos de la Ilustración de comienzos del siglo XVIII. Una época marcada por la revolución racionalista y el entusiasmo por el progreso ilimitado de la sociedad. Tenía la Ilustración pues como ideal al hombre de saber enciclopédico amante del conocimiento universal, capaz de dominar la ciencia y el arte. Como consecuencia de esta obsesión por el conocimiento se inauguró el periodo de mayor progreso de la humanidad en todos los campos: desde el dominio de la técnica hasta la democracia.

En esos ideales se fundaron las bases del modelo tradicional de educación pública que sirvió como pilar al desarrollo de diversas naciones. Hizo de Estados Unidos un imperio victorioso de las confrontaciones mundiales, a Alemania le ayudó en su reconstrucción, a los países Asiáticos en su milagro económico.

Hoy ese modelo educativo está muy cuestionado en nuestro país. De hecho, me atrevería a decir, está vilipendiado. A sus detractores no les falta razón, pues encuentran en los pobrísimos resultados en educación nacional, el fracaso escolar, la baja productividad y la alarmante crisis de valores los principales argumentos para enterrar el viejo sistema.

La escuela tal y como la conocemos va a cambiar. Ya está cambiando. Se va a convertir en un espacio donde la socialización sea prioritario, un espacio donde desarrollar la autoestima, en donde la exigencia y la competitividad sedan para dar paso a la cooperación y a la motivación. Los sistemas de calificación, las notas, dejarán de ser importantes porque “frustran” al estudiante y no son un buen indicador del potencial del alumno. El maestro dejará de ser el modelo intelectual de sus alumnos y se convertirá en un guía o moderador en el proceso de aprendizaje. León Trahtemberg expresa bien este planteamiento en uno de sus recientes artículos “[…] pongamos el foco en convertir al colegio en un lugar más agradable y generar todo tipo de actividades que apuntalen su autoestima, sus buenas relaciones sociales y les dé mayor seguridad personal

La crisis educativa en la que nos encontramos nos obliga a revisar las bases de nuestro sistema actual, replantear su estrategia o de plano cambiar su estructura. Llegado a este punto, no me atrevería decir si los cambios propuestos por las corrientes pedagógicas actuales sean la panacea esperada, pero si estoy seguro que en la escuela del futuro no tendrá cabida aquel viejo ideal del saber ilustrado. No será importante. Tendremos que buscarlo en otro lado.

 

Referencias:

Diario Correo 08 julio de 2016 “Bajen la importancia a las notas” León Trahtemberg

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