Comenzamos el año con una serie de sorpresas e incertidumbre en la política. A La guerra fría instaurada entre el ejecutivo y legislativo, se suma el escándalo de corrupción de Odebrecht. Lo que estamos experimentando no es un hecho menor. Se está destapando una olla grillos, con un impacto en la política y la economía de magnitud inesperada.
Precisamente, quiero comenzar esta columna con una breve reflexión sobre las proyecciones de la economía peruana para el 2017.
Básicamente, los motores que empujan la economía peruana son la inversión y las exportaciones. Si estas se paralizan, toda la economía se detiene. Si observamos los datos, la inversión privada viene cayendo desde el 2014 con -2.3%, en 2015 con -4.5% y muestra igual tendencia decreciente en el 2016. Han quedado lejanos aquellos años en que la inversión privada crecía a tasas de dos dígitos como en el período 2006 – 2012.
El motor de la inversión está detenido, lo único que ahora está sosteniendo el crecimiento son las exportaciones netas. Sin embargo su impulso está pasando. El 50% de las exportaciones son mineras y ante la paralización de los proyectos mineros importantes, no quedan en el horizonte nuevas inversiones mineras que impulsen el crecimiento.
Hay que tener presente que estamos pasando por un escenario de desaceleración mundial. El ciclo económico es contractivo y definitivamente este escenario, al ser la economía peruana una economía pequeña y abierta, nos afecta directamente.
Víctor Cárdenas