Punto de Encuentro

El “marketing” de la Inca Kola entre los nikkei

¡Qué buen marketing ha hecho la Inca Kola! Eso de relacionar su marca con la comida creo que ha sido un buen acierto. No se hicieron “paltas” y “con creatividad” nos crearon esa imagen de que su marca “con todo combina”, asegurándose así, una clientela fiel durante todo el año, porque la comida nunca pasa de moda.

Pero hay un “marketing” que hizo la Inca Kola hace muchos años atrás y creo que fue uno de los más significativos que ha hecho hasta ahora. Logró posicionar su marca dentro de una comunidad grande, como es la nikkei peruana, durante muchos años y de forma casi exclusiva. Esta predilección por la Inca Kola fue circunstancial y se remonta al Perú de finales de los años 30 y mediados de los 40.

Esa era una época muy difícil para la comunidad de extranjeros en Lima, especialmente la japonesa. En esos días, la segunda guerra mundial influía en la política y en la sociedad, creando paranoias absurdas en donde todo lo “japonés” era sinónimo de “enemigo”, por su cercana relación con Japón (una de las potencias del Eje y por ello, enemigo del Perú).

Los comerciantes japoneses, que en aquellos días eran muy numerosos, tuvieron que sufrir las consecuencias de esa guerra, incluyendo muestras de discriminación y boicot comercial. Sus negocios ya no eran tan rentables como antes y ya nadie quería venderles a crédito. Algunos testigos de la época recuerdan que entre quienes se negaron a abastecerlos estaba la Coca Cola, que en aquél entonces era una empresa de capitales norteamericanos y comprensiblemente, anti-japonés (1).

Pero como en toda oportunidad se ve un negocio, la familia Lindley, que por aquellas épocas acababa de lanzar la marca Inca Kola, no dudó en convertirse en el único proveedor de los comerciantes japoneses. Algunos recuerdan a don Isaac Lindley en su camioncito, llevando personalmente a las tiendas de los comerciantes japoneses Inca Kolas “fiadas” (2) o a consignación, y en algunas oportunidades se cuenta que hasta les donaba el producto (2). El mismo Lindley se preocupaba personalmente para que en todas las celebraciones de la colectividad japonesa en donde hubiera niños, nunca faltaran las Inca Kolas (3).

Con los años, esta ayuda de la Inca Kola a la colectividad japonesa en el Perú, no se olvidó. Después de la guerra, continúo la preferencia entre los nikkei por la Inka Cola, que no faltaba en cuanta celebración o actividad realizaran, a modo de agradecimiento y cuya presencia era, muchas veces, de forma casi exclusiva.

Realmente, ese sí que es un buen marketing: una ayuda que no se olvida.

(1) Giuliana Higuchi

(2) César Tsuneshigue

(3) Carlos Yrigoyen Forno (“Setogiwa: Tiempos difíciles”)

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