Recientemente los dimes y diretes,al seno de los principales partidos políticos del país, nos han dado nuevamente una lectura desfavorable con relación la crisis de institucionalidad de la cual adolece nuestro sistema de partidos políticos, el cual, en un sentido metafórico podríamos decir, que se encuentra como paciente en una unidad de cuidados intensivos- UCI.
Peruanos por el Kambio, por ejemplo, padece una serie de problemas dirigenciales producto de las pugnas internas por el poder, las cuales se han visto acrecentadas por los acomodos naturales con miras a los próximos comicios 2018.
La cosa no queda allí, el Poder Ejecutivo PPKausa adolece de un manejo político adecuado y resulta casi evidente que existe una desconexión con su propia bancada en el Parlamento. Esto es grave, porque además, denota la improvisación con que dicha agrupación política llegó al poder, objetivo que no sólo demanda de una afinada maquinaria electoral sino de una organización política sólida, disciplinada, democrática y coherente con una línea ideológica o programática bien definida, etc.
Fuerza Popular, por su parte, también tiene sus propios problemas, porque a pesar de los esfuerzos que hacen muchos de sus integrantes para demostrar una unidad monolítica tras su lideresa Keiko Fujimori, resulta obvio que Kenji, su hermano y pieza clave dentro de lo que podemos denominar el fujimorismo clásico o “albertista”, está marcando un liderazgo propio, gestando en paralelo un nivel de fragmentación dentro del partido político que ostenta la principal fuerza parlamentaria del país.
Cabe mencionar, que las renuncias de YeniVilcatoma y recientemente de Patricia Donayre a Fuerza Popular, demuestran que la labor de “head hunter”o cazadora de cuadros en este casopolíticos que hizoKeikodurante la etapa pre electoral 2016, si bien le ha asegurado tener la bancada más importante de las últimas décadas no le habría asegurado el tener necesariamente la bancada más comprometida ni leal con el proyecto político partidario que lidera.
No podemos soslayar, el hecho de que estas renuncias se han producido a pesar que, por ley, ahora se sancionadraconianamentea aquellos parlamentarios que renuncian o son expulsados de sus bancadas, al prácticamente conminarlos a la condición de parias congresales al no poder integrar ni formar grupos parlamentarios distintos al de origen ni tampoco ejercer otras funciones parlamentarias.
En el caso de otros partidos políticos, los denominados “tradicionales”, también se cuecen habas, por ejemplo, el Partido Aprista Peruano, hace poco perdió a su cuadro más importante con miras a laspróximas Elecciones Regionales y Municipales 2018, nos referimos a Enrique Cornejo, también por conflictos internos con el denominado “Alanismo”. Actualmente este emblemático partido se encuentra en un proceso electoral interno que esperamos que llegue a buen puerto.
El Partido Popular Cristiano, por su parte, se encuentra resolviendo sus problemas internos en instancias del Jurado Nacional de Elecciones sin viso de solución alguna por mutuo proprio. Ojalá el Supremo Tribunal Electoral termine pronto con esa triste situación.
Basta con señalar estos cuatro casos, dos partidos que gobiernan a su vez en dos poderes del Estado y dos partidos históricos, para advertir la crisis existente en nuestro sistema de partidos políticos.
Profesores como Juan de Jesús Orozco Henriquez, Rubén Hernández Valle, entre otros muy acertadamente señalan, que los partidos políticos son instituciones tan complejas, que para el logro de su inserción eficiente en la sociedad- la cual pueda traducirse en términos de la adhesión de votantes, simpatizantes, y afiliados o militantes- no requieren únicamente de esa antes aludida afinada maquinaria electoral sino que también de una lectura permanentemente renovada de la realidad nacional; un programa de corto y largo plazo que responda a los problemas más sentidos por la población; una ideología o una clara visión programática y unos principios que rescaten los valores de la libertad, la igualdad, la solidaridad y la tolerancia; una organización democrática y eficiente, descentralizada y descentralizadora, y sobretodo, una práctica interna que encarne esos principios y valores en el cotejo constante con una realidad, en nuestro caso, siempre carencial, conflictiva y extraordinariamente heterogénea.
Apostemos pues, por que pronto mejore esta situación, y nuestro sistema de partidos políticos deje la UCI. Que los partidos entiendan, que la institucionalidad partidaria no es un “estribillo” dentro de un discurso político sino una sumatoria de pequeñas, medianas y grandes acciones al seno de sí mismos, que hacen un sistema político sólido, que cumpla con esas cuatro condiciones tan bien resaltadas por Scott Mainwaring, al tener partidos políticos duraderos, representativos, con legitimidad social y verdaderamente democráticos.
José Andrés Tello Alfaro