El Perú actualmente pasa por un momento que representaría un hito en el sistema educativo nacional. Nuestros maestros vienen sumando esfuerzos para posicionar una crisis con diagnóstico y curas que han sido peores que la enfermedad. Los gobiernos siempre han creído que los maestros solo reclaman una mejor calidad laboral, se equivocan y el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski sigue la lista.
El proceso que vivimos es difuso y poco impreciso en las etapas de negociación y cobertura de demandas magisteriales. El Estado busca justificar su inacción y capacidad de respuesta política frente a un sector que no puede quedar en la solución inmediata del problema. Tenemos las condiciones mínimas para emprender un compromiso por la educación, con los maestros predispuestos para la implementación de un sistema educativo que el país se merece, podemos diseñar una reforma educativa integral.
Los intereses son múltiples y de confluencia diversa, desde los sectores radicales hasta el medio constructivo, esto sumado al poco olfato político y falta de estrategias de lectura de la situación, ponen contra las cuerdas a un gobierno que cierra filas y divaga sobre la realidad del problema. No hay espacio para creer que un maestro mejor pagado es un maestro doblemente motivado.
La legitimidad del Estado se fundamenta en la eficiencia de las decisiones que toma y el beneficio más esencial que recae sobre los actores nacionales. En defensa del respeto y compromiso a la mejora de la maquinaria estatal, deberíamos atender las demandas que hacen prolongado la solución del problema. Tenemos que evaluar la viabilidad del aumento de sueldos en los plazos que demandan los docentes, el financiamiento real al necesario aumento del presupuesto en educación, las mejoras en las herramientas de complemento formativo.
Junto a la fuerza masiva y justo ejercicio del derecho de los maestros a protestar y movilizarse, acompañemos el proceso con un reconocimiento de la falta de interés para construir políticas de Estado en problemas básicos como la salud, la educación, infraestructura entre otros más que han sido relegados. Nuestros maestros vienen dándonos la mejor de nuestras lecciones, el poder despertar del letargo sobre el que la sociedad ha dejado irresuelto sobre el discurso de nuestra clase política los diagnósticos y soluciones demagógicas a un problema de interés nacional.
El reto pendiente es acortar la distancia que nos deja la brecha entre la desigualdad económica y la educación, impulsar la carrera magisterial meritocrática, materiales actualizados que impulsen el talento de nuestros niños y jóvenes, romper la estigmatización de que la educación pública en el país es mala, construir y fortalecer espacios donde nuestros jóvenes encuentren oportunidades de investigación, diseño y mejora que hagan del Perú, un país concreto y no de actores que se pierden en el silencio de sus voces que callan en el olvido de sus gobiernos.