Tenía sólo cuatro años, era el primer día del nido y todo era felicidad cuando de pronto ¡pum! Tremendo manazo en la cara el que me estampó Memo, un niño acostumbrado a molestar y pegar a quién se le cruzase en su camino.
Ese golpe fue su tarjeta de presentación y mi primera dosis de abuso (ahora llamado bullying y ciberbullying cuando es online). Mi mamá, que tiene el carácter de un sargento aunque el militar es mi papá, me dijo claramente que ese abuso jamás debía repetirse. También se lo explicó a la profesora pero no tan amablemente y con palabras que será mejor no repetir.
Terminé el colegio sin contratiempos y con buenos recuerdos. Así eran las cosas en esos días pero hoy todo es distinto. Como hincha de las redes sociales no podía dejar de preguntarme qué sienten y a qué se enfrentan los escolares de la era digital. ¿Se imaginan? Fotos tuyas con granos, roches, chotes, peleas, tus primeras veces, el chico que te gusta, todo expuesto para que empiece la carnicería. Qué miedo. Siento alivio por mí y preocupación por aquellos que en estos días están empezando clases.
Si tienes un bully (agresor) en clase la pesadilla no termina allí. Al cierre de la jornada llegas a casa para usar la tablet, smartphone o portátil que te compraron mamá y papá, y el abusivo sigue allí a sólo un click de distancia. Esta vez el pequeño es amenazado, desprestigiado, humillado o burlado de manera online. Esto, señores, se conoce como ciberbullying, una amenaza mundial a la que hay que prestarle mucha atención.
Hace algunos meses CEDRO presentó un estudio con información reveladora sobre el ciberbullying en nuestro país:
Los casos se presentan, principalmente, entre escolares a partir de los 12 años.
Este tipo de hostigamiento, es uno de los factores de suicidio de adolescentes.
El 24% se da a través de la publicación de fotos retocadas e insultos, el 23% por memes, el 16% mediante comentarios ofensivos; otro 16% por discusiones a través de Facebook, un 7% por publicación de videos personales, entre otros.
Volver al colegio es, sin duda, un capítulo que genera ilusión y alegría para muchos, pero no olvidemos estar atentos a un mal social que roba sonrisas a millones de niños y adolescentes. Si bien la tecnología nos ofrece herramientas útiles como las redes sociales, nosotros a cambio debemos conectar con los más pequeños, saber como la pasan y no dejar de lado el control, la supervisión y la protección.
@mirthaibanez