Punto de Encuentro

Plegarias por la gobernabilidad

Nada dura para siempre, menos la gobernabilidad. Con el temor a cuestas, el nuevo gabinete encabezado por Mercedes Aráoz comienza la difícil tarea de sostener las frágiles bases del gobierno de PPK. Estamos frente a un equipo ministerial, oleado y sacramentado por el propio fujimorismo, más que una propuesta concreta del presidente por silenciar las críticas a su gobierno. 22% de respaldo popular en el presente mes, avizora otros problemas de gran magnitud.

De la semana pasada, quedan lecciones para nuestra cultura política. La ciudadanía, aunado a las expresiones de varios opositores rotundos al fujimorismo, pedían soluciones extremas, como la disolución del Congreso. La historia es sarcástica en algunos momentos, más cuando estos supuestos anti-fujimoristas defendían a capa y espada (oh, casualidades de la vida): un mecanismo de control desde el Ejecutivo legitimado en la Constitución de 1993, texto elaborado por el régimen fujimorista. La irresponsabilidad y las soluciones extremas son evidencia de una sociedad frágil en sus valores democráticos, acostumbrada a pensar desde el rencor y el fanatismo, más que desde el diálogo y el respeto a las instituciones. En crisis políticas, la gobernabilidad debe mantenerse desde las herramientas constitucionales y tendiendo diálogos, ceder cuando es necesario, que el arte de la buena gobernanza es generar buena concordia hasta con los enemigos de la gobernabilidad (el fujimorismo).

Analizando el mecanismo de poder disolver el Congreso luego de la censura a dos Consejos de Ministros, parece no haber sido ideado para escenarios donde la gobernabilidad sería potestad del Parlamento. Lo que no se avizoró en 1993 fue que alguna vez, habría una bancada de oposición mayoritaria y un Ejecutivo tan débil. Toledo, García y Humala, sin contar con una mayoría en el Parlamento, utilizaron bien los mecanismos de diálogos y pudieron mantener el timón firme a la hora de gobernar. El apoyo popular hacia PPK, entusiasta y anti fujimorista del 2016, ya es cosa del pasado. No existe un partido político que respalde al oficialismo, las alianzas menguan con el pasar de los meses y el respaldo presidencial decae ante demandas por retomar el crecimiento y soslayar la conflictividad social. La idea de la disolución del Congreso siempre será un fantasma para el fujimorismo, pero no le servirá por mucho tiempo al oficialismo para mantener la gobernabilidad, más cuando el juego del fujimorismo es agotar de cuadros políticos y llegar al desgobierno.

¿Qué le espera al Gabinete Aráoz? Tender puentes con el fujimorismo, sin ceder a sus pretensiones por cuotas de poder y poner en peligro la gobernabilidad cuando le plazca. Los eslabones más débiles siempre serán los ministros, como parte una estrategia diseñada por el fujimorismo para agotar al gobierno y acelerar un pedido de vacancia presidencial, lo cual sería factible con un respaldo popular mayoritario. En un sistema democrático más consolidado como en Inglaterra, existe “la real oposición a la Reina”, oposición constructiva a los intereses del país, sin dejar de lado su poder como segunda fuerza mayoritaria en el Parlamento. En nuestro país, no tenemos una oposición constructiva, sino obstruccionista de las políticas de Estado, conformado por congresistas que no representan al fujimorismo (solo 11 de ellos son inscritos a Fuerza Popular), sino son imagen del individualismo, con una agenda e intereses propios, más que una afiliación ideológica a Fuerza Popular.

Las piezas del tablero de ajedrez han echado a andar, luego de una semana amarga para el fujimorismo y ahora, en el ojo público, con el embrollo que involucra a Keiko Fujimori tras las declaraciones de la congresista Ponce. El nuevo gabinete tiene la misión de brindar esperanza a incrédulos del liderazgo de PPK y acallar voces disonantes que lo cuestionan. Es posible que tengamos cierta estabilidad durante unos meses, pero la gobernabilidad va a pender de un hilo, trayendo consigo escenarios de incertidumbre. Es momento de decidir: o se cede ante el enemigo o se está un paso delante de él.

 

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