Punto de Encuentro

Con Segura la economía no es segura

No cabe duda que la economía es otra de las debilidades del gobierno del presidente Ollanta Humala, al igual que la inseguridad ciudadana. En el 2011 el mandatario recibió un país que iba en alza, las expectativas de las familias eran grandes, las inversiones se proyectaban positivamente y el Perú crecía a un promedio de 7 % anual.  Han pasado casi cuatro años y todo se ha venido a menos.

Los inversionistas están preocupados, los paquetes reactivadores propuestos por el Ministerio de Economía y  Finanzas, MEF, no están dando resultado. La preocupación de Palacio de Gobierno es grande y tratan de capear el tema incrementando el apoyo social, sin embargo, los puestos de trabajo se reducen a consecuencia del freno de la economía.

En agosto del año pasado el MEF, en el Marco Macroeconómico Multianual proyectaba un crecimiento de la economía peruana para el 2015 de 6 %. Los voceros del gobierno señalaban que si bien en el 2014 el crecimiento no “iba a ser más del 5 %”, el 2015 sería un año de recuperación, pero lo cierto es que el año pasado nuestra economía creció apenas 2,3 %.

El propio ministro de Economía, Alonso Segura, meses después –29 de enero- durante su participación en la conferencia “Perspectivas de inversión”, organizada por Bloomberg, dijo que nuestro país crecería 4,8 % (1,2 % menos de lo proyectado en agosto) y remarcó: “tenemos un entorno retador, pero Perú liderará crecimiento en la región”. La realidad es muy distinta, porque otros países de la región crecen y nosotros retrocedemos.

Hace 48 horas, Fernando Figueroa, director de Proyecciones y Escenarios Macroeconómicos de la Dirección General de Política Macroeconómica y Descentralización Fiscal del MEF (que tal cargo) dijo “esperar que la economía peruana crezca un 4,2 % en el 2015”. Solo en 40 días el estimado de crecimiento bajó 0,6 %. Esto es preocupante y de seguir así podríamos terminar igual que el 2014, con un tímido 2,3 %.

Así están los números de nuestra mal llevada economía y así lo perciben los empresarios cuando se ven obligados a cambiar el rumbo de sus inversiones, paralizar obras o reducir su producción; los empleados cuando ven diluirse el sueldo sin lograr cumplir con todas sus obligaciones, y las amas de casa, aquellas que sufren el día a día, cuando llegan al mercado y los productos están más caros y deben optar entre uno u otro alimento. Ante esta situación no hay cortina de humo que funcione. 

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