Una democracia en formación es una democracia propensa también a los peligros que se han normalizado en la vida diaria de sus ciudadanos.
El caso Odebrecht y sus consecuencias han mostrado a los ciudadanos el problema social que representa la corrupción en el ocaso de las posibilidades de crecimiento de un país. Los procesos de investigación han ido teniendo como víctimas a ex presidentes, ex ministros, ex alcaldes y entre otros funcionarios públicos que forman parte de las delaciones que hicieran los funcionarios de la empresa brasileña.
Las consecuencias de estos actos se limitan a ubicarse dentro de los espacios de nuestra clase política, pero esto va más allá de la misma. El problema de la corrupción persiste por el hecho de tener en el diseño institucional, el sistema normativo y las sanciones que existen para este tipo de delitos, vacíos suficientes para la impunidad y normas deficientes al entender las dinámicas realmente existentes en el aparato estatal.
Centrándonos en el caso de Pedro Pablo Kuczynski, podemos hacer otras consideraciones a las existentes. En primer lugar, lo que lleva a tal punto a ser un problema que estremece la estabilidad constitucional en el país es el hecho de no haber generado alianzas y no contar con la capacidad de manejar una maquinaria partidaria que le permita dar lucha a las propuestas más radicales y tener mayor tiempo para exponer su defensa.
En segundo lugar, a PPK le ha tocado ser resultado de una oposición programática y política respecto a la opción fujimorista. No cuenta con el mismo apoyo de quienes hicieron el llamado a votar por él en segunda vuelta. De esta manera, las acciones presidenciales han tenido una respuesta inmediata y altamente política, lo cual siempre ha sido la mayor deficiencia de este gobierno.
Por último, lo que representa la mentira y contradicción de manera inmediata y la temporalidad que tiene como consecuencia. PPK ha negado siempre tener vínculo profesional o político con Odebrecht, lo cual siempre fue una verdad que nos hacía dudar. La exacerbación de sus errores siempre ha sido por la respuesta a estos cuestionamientos. Una de las culpas más grandes de PPK es haber querido estar en el momento y lugar nada merecidos.
El caso Odebrecht ha tenido más acciones y respuestas políticas, que los procedimientos legales que son parte de las investigaciones. Actualmente, tenemos una de las más grandes incertidumbres. La responsabilidad penal de nuestro presidente debe quedar a juicio de las autoridades competentes. Solo yendo a la segunda vuelta, siendo PPK o Keiko Fujimori, la inestabilidad generada por las investigaciones del caso Odebrecht iban a generar una crisis, entendida esta última como un período con término que considera un cambio en las estructuras institucionales, políticas y sociales del país.
La temporalidad e inmediatez de los vínculos que relacionan a un Presidente de la República con actos de corrupción no había podido darse nunca antes estando este en el poder.. La suerte está echada y las consecuencias seguirán llevándonos al espectáculo y relegando nuestra capacidad participativa a marchas simbólicas o simplemente, presenciar lo mediático de nuestra política.