Punto de Encuentro

La “Gran Guerra” en Perú

Hoy, más que nunca, las democracias representativas en Europa y América Latina, parecen sufrir el asedio de un sentimiento nacionalista y populista que evoca los años previos a la Primera Guerra Mundial. Bolsonaro en Brasil, Trump en Estados Unidos y movimientos ultra nacionalistas en los distintos frentes europeos, ponen en evidencia el agotamiento paulatino de la tolerancia democrática. Las estrategias son distintas: ahora estos nuevos líderes populistas utilizan las grietas dentro del sistema democrático, el descontento de las minorías que no fueron integradas a la idea de “nación y progreso” y se erigen en base a una confusión de patriotismo con el nacionalismo, lo que revive recuerdos de la década previa a la Gran Guerra. El Perú, por su parte, no se encuentra ajeno a esta realidad.

La gran guerra declarada entre “fujimoristas” y “anti-fujimoristas” amenaza seriamente la gobernabilidad de un país que le cuesta reconocer que el fenómeno “Fujimori” en los 90’s, solo permitió evidenciar ese fervor caudillista de la sociedad peruana cuando las grandes crisis económicas asedian el Estado de derecho. A poco de celebrar el Bicentenario, esta gran polarización entre la ciudadanía se asemeja a los años previos a 1821, donde los bandos de “realistas” e “independentistas” dividían a los criollos peruanos sobre cual régimen les permitiría mantener sus privilegios o si se asentarían las bases de un Estado – Nación. Hoy por hoy, la guerra fratricida causada por el Fujimorismo luego de los últimos meses, refleja el carácter involutivo de una sociedad peruana frágil ante la tolerancia y la virtud cívica, tan necesarios para emprender el duro camino de consolidar un sistema democrático.

Sea como fuere, el debate político que generaban los panfletos y periódicos limeños previos a la independencia, tuvieron un rol preponderante en los primeros esbozos de una identidad peruana. Caso contrario sucede en la actualidad: la posición de los medios de comunicación y un grupo de académicos peruanos, evidencia que alinearse con el discurso “anti-fujimorista” les permite sobrevivir a base de la defensa de posturas institucionalistas y fungiendo como valedores del pluralismo democrático. En momentos donde la posverdad es un derecho asumido erróneamente por los partidos políticos, movimientos sociales, científicos sociales y líderes de opinión, la Academia mantiene una deuda social con el Perú: sentarse a debatir sobre como reconciliar a una sociedad dividida por el Fujimorismo, haciendo un ejercicio moral, autocrítico y responsable, que permita recuperar los principios básicos de la otrora democracia griega. Que Brasil sirva como ejemplos a nuestras élites, clase política y comunidad académica, de lo que no se quiere en el Perú.

La promesa republicana solo será posible cuando el Fujimorismo sea autocrítico y reencause sus máximas de orden y seguridad como garantes del Estado de derecho, hacía el pluralismo y la defensa de las instituciones democráticas como forma de desempolvar esa vieja relación directa entre gobernantes y gobernados. Del mismo modo, el Anti-fujimorismo tiene una deuda moral: crear mayor consciencia de crear ciudadanía y reflexión frente a las discrepancias políticas. Así como creen que la reconciliación es necesaria, deben implementar los mecanismos para dar inicio a esa etapa y no incrementar las tendencias de señalar constantemente al enemigo que se opone a sus máximas republicanas. A puertas del Bicentenario, si no reencausamos nuestro devenir político y damos solución a esta guerra declarada, solo permitirá teñir las calles de intolerancia y abrir espacios a opciones más radicales, como lo fue en su tiempo el militarismo post-independencia, que traiga abajo toda defensa acérrima del Estado de derecho y volvamos a tiempos del oscurantismo populista.  

 

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