Punto de Encuentro

¡Más de lo mismo … pero peor!

Ángel Delgado Silva

Confirmando que: “perro que ladra no muerde”, el Congreso movió la cola y terminó lamiendo al amo, luego de diez horas de diarrea verbal y huracanes de invectivas antigubernamentales. Esfuerzo vano porque un par de días después, la espuria confianza del otrora “primer poder del Estado” fue desdeñada sin pena ni gloria. Vizcarra negó confianza a su Ministra de Cultura.

¿Todo seguirá igual?. Pareciera, pues la oblación congresal no enaltece al decrépito Gabinete Zevallos ni la mediocridad se transformará en talento. Sin embargo, en una situación mala, lo que no cambia empeora. Habrá, entonces, más cuarentenas inútiles, más discursos ditirámbicos y soberbios, más contagios y fallecidos, aproximándonos a la penosa cumbre de la pandemia mundial. En tanto, la recesión nos hunde en un pozo insondable de miseria y descomposición social.

Como si no fuera suficiente, Vizcarra y sus corifeos sicofantes se han vuelto adictos al estado de emergencia. No sólo disimula su incompetencia culpando a la gente por el desastre sanitario, sino permite la arbitrariedad sin límites. Se están acostumbrando a gobernar sin control, sin prensa fiscalizadora, sin contrapeso institucional. Y, con esta excusa, cometen tropelías, abusos a granel, sumergidos en una orgía delictiva.

¡Ya no es posible callar!. Las evidencias son contundentes e incontestables. La inusitada caída de los Ministros de Salud e Interior, en plena pandemia, puso al descubierto una ciénaga de corrupción. Pero el caso Richard Swing denota una putrefacción insólita. En efecto, no estamos ante los consabidos presupuestiveros, familiares o adláteres, que medran del erario nacional. Se trata de la extraña contratación de un personaje burlesco, de baja estofa y nula credibilidad. Al escucharle advertimos al orate apenas farfulla. ¿Cómo alguien incapaz de ser tomado en serio, falso “doctor honoris causa”, con “charlas motivacionales” estólidas, fue consultor en Cultura, durante ocho períodos ministeriales?

Inexplicable administrativamente, pues carece de requisitos profesionales y académicos para embolsarse más de 175 mil soles. ¡Violenta todas las normas para la contratación pública!. Y, pese a ello, ahí ha estado desafiando a todos. ¿Cómo lo hizo?. Solo una respuesta: ¡por sus vínculos con la cúpula del poder!. Únicamente, la cercanía a Vizcarra aclara el misterio; tal como la información y testimonios recabados ratifican.

Pero hay más. Colocar amigos y ganapanes en el Estado es un inveterada y nefasta costumbre. Pero convertir al bufón de pacotilla en asesor estatal delata un favoritismo estrafalario. Da cuenta sobre la idea de gobierno del moqueguano. Es el sultanismo advertido por Jorge Basadre en la historia del Perú, cuando antojos y caprichos reemplazaban a la racionalidad política.

Este estrambótico estilo, propio de déspotas orientales, encaja en ambientes desinstitucionalizados, donde impera la voluntad del jefe, nunca la ley general, ya que hay súbditos sumisos y no ciudadanos libres. Al ensalzar a su juglar, Vizcarra emula a Calígula, el demente  emperador, que nombró a su caballo: Cónsul de Roma.

Lima, 2 de Junio del 2020     

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