Discurso fúnebre de la gran revolución cubana (II)

Prenotandos filosóficos e históricos para su interpretación (1)

Hugo García Salvattecci

No se puede hablar de la Revolución Cubana sin mencionar al Marxismo-Leninismo al que se adhirió. Necesariamente tenía que seguir la suerte de este último. Se debe precisar que una cosa es la revolución social y otra el socialismo. Una cosa es el socialismo y otra el marxismo. Una cosa es el marxismo y otra el marxismo-leninismo. Nuestra crítica, por el momento, sólo alcanza a éste último.

El socialismo, como veremos en un artículo posterior, se fue perfilando primero por obra de los denominados socialistas utópicos y luego por Proudhon y los grandes anarquistas del siglo XIX, con los que se vinculó Marx. Finalmente, el término fue completamente desvirtuado por Engels y Lenin.

A pesar de lo que señaló reiteradamente un político peruano que no quería la participación de la filosofía en su propuesta política, la filosofía es indispensable para generar y evaluar un proyecto político. Hoy día se considera que la filosofía cumple tres objetivos fundamentales:

  1. Aclarar los conceptos.
  2. Abrir nuevos horizontes a la investigación científica, y
  3. Dar una respuesta existencial y, por ende, personal a problemas inaccesibles a la ciencia.

En las primeras décadas del siglo XX se tuvo una gran revolución filosófica, científica y epistemológica, gracias a dos grandes movimientos:

  1. Surgió una nueva concepción filosófica vinculada a una nueva ciencia, a una nueva lógica, a una nueva matemática que se desarrollaron básicamente en Inglaterra, en Alemania y en Austria con el denominado “Círculo de Viena”
  2. Apareció el psicoanálisis, cuyo precursor inmediato fue Schopenhauer, y su máximo exponente Freud, para ser enriquecido, entre otros, por Adler y Young, con su subconsciente colectivo.

Ningún movimiento cultural o político, puede desconocerlos sin caer en el anacronismo. Por ejemplo, el psicoanálisis se fue haciendo indispensable para analizar los hechos culturales, la fundamentación del Estado, e incluso para llenar vacíos históricos. El propio Freud lo utilizó para tratar de demostrar que históricamente se tuvieron dos Moisés, uno vinculado a una interpretación divina relacionada a Adonais, y el otro a Jehová.

Históricamente, lo primero que se puede constatar es que Engels en el “Anti-Duhring” se puso de espaldas a todo el avance de la filosofía y Lenin, en “Materialismo y Empiriocriticismo” se opuso a todas las nuevas orientaciones científicas, retornando a posiciones retrógradas propias de la Baja Edad Media. De hecho, el Marxismo-Leninismo nunca tuvo nada que ver con la ciencia.

El término “ciencia” empezó a ser desvirtuado por obra de Fichte y de Hegel, llegando a tener un contenido, valga la paradoja, anti-científico con el Marxismo-Leninismo. Pocas veces, en la historia, un término fue tan prostituido.

Con Kant se inició la gran revolución gnoseológica y epistemológica.  A partir de él, nadie puede afirmar que hay un conocimiento plenamente objetivo. Todo conocimiento es una síntesis entre el dato objetivo exterior y los condicionantes históricos del sujeto que lo percibe, Estos condicionantes tienen dos fuentes fundamentales: una de ellos vinculado a la misma naturaleza humana y la otra a los condicionamientos históricos del sujeto cognoscente, donde juega un papel fundamental el inconsciente colectivo.

Veamos un ejemplo del primer caso. Cuando surgieron las geometrías no euclidianas en el siglo XIX, se señaló que iba contra todo el sentido común, pues incluso no podemos imaginar que de un punto a una recta puedan trazarse varias paralelas o perpendiculares o ninguna de ellas. Las geometrías no euclidianas son las únicas que se pueden aplicar en el espacio, cuando se sale de la órbita terrestre. Lo que sucede es que nuestra imaginación, en la que se apoya el razonamiento, no puede desvincularse del espacio elíptico de la gravedad en la que está inserto nuestro organismo, el que no rige cuando se sale de la órbita terrestre.

Un ejemplo del segundo, es lo que sucedió en Grecia cuando se tuvo la debacle del sistema físico-matemático del pitagorismo. Dicho sistema tenía sólo como punto de referencia el número entero. Por ejemplo, se definía el cuadrado como la suma de los números impares: 1,3,5,7 etc. Pues bien, al tratar de demostrar la longitud de la hipotenusa en un triángulo rectángulo, apareció el 1 sobre raíz cuadrada de 2, lo que no es un número entero. Ello significó la muerte del sistema pitagórico científico-matemático, aunque inicialmente no se tuvo otra salida que denominar “irracional” a dicha cantidad, porque iba contra lo que se consideraba “racional” en ese momento. Todavía seguimos utilizando dicho término.

Como señaláramos, el marxismo-leninismo abusó del término “ científico ”, aplicándolo a lo que significa la misma negación de la ciencia. Simultáneamente, trató de aplicar la dialéctica donde ella no puede regir. Todo ello, sin embargo, conforma el punto de partida de dicho movimiento. No podemos valorar, de modo integral y objetivo a la gran Revolución Cubana, sin hacer referencia al mal uso que hizo, por su adhesión al Marxismo-Leninismo, de la ciencia y de la dialéctica. Sólo después podemos ingresar a temas más específicos.

 

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