Este fin de semana se recordó los primeros 100 días en la gestión del alcalde Luis Castañeda, pero en este debate, como en otros, muy poco se repara, a pesar de que nuestros políticos siempre hablan de Dios, juran sus cargos frente a crucifijos y ante la Biblia, de que efectivamente todas las autoridades son impuestas por el Creador.
Es decir, estamos ante otra forma de hipocresía y que no tiene nada que ver con cuestiones teológicas o religiosas sino con la “real politik”. El caso es que Jesucristo no dejó de ser político y de hacer política, y su ejemplo debería de ser el mejor referente para quienes incursionan en asuntos electorales antes que mimetizarse con Maquiavelo, Sun Tsu, Von Hayek o Carlos Marx.
Precisamente, esa es la hipocresía de los políticos pues cada 28 de julio están en la Misa Te Deum y días después suelen reencontrarse en una iglesia evangélica dizque para escuchar el mensaje de Jesucristo y las verdades del Evangelio, pero ninguno de ellos toma conciencia de su papel como cristianos ni se da el trabajo para meditar que todas las autoridades son puestas por Dios. Esto concuerda con lo que la semana pasada señalaba el pastor, y fundador de Gamarra, Vicente Díaz Arce, en el sentido de que ganará las elecciones en el 2016 el candidato que hable en los canales de televisión una hora diaria de la palabra de Dios.
Acaso uno de los ejemplos más palpables de este aserto sea que en las elecciones municipales del 2010, cuando Lourdes Flores Nano era la favorita, contando además con muchos recursos económicos para su publicidad, fue derrotada en las ánforas por Susana Villarán, candidata casi inexistente en las encuestas y sin dinero para su campaña, convirtiéndose en alcaldesa de Lima. Pero Dios revela el corazón de las personas, de los políticos diríamos con propiedad, pues ¿qué le pasó después?
Sencillamente Villarán se alejó de la oración que le hicieron para que ganara las elecciones, su corazón se enduró, y ya en la revocatoria recurrió a un asesor de Brasil que se dice está más ligado al albur y el esoterismo, y que si bien la mantuvo en el cargo, al final ella perdió la reelección y realizó una gestión caótica que ha generado muchos problemas y que ahora el alcalde Castañeda batalla por enderezar ese mal camino dejado por la referida política izquierdista. En conclusión, los políticos no deben hablar de Dios de la boca para afuera, sino sentirlo realmente y si son católicos o evangélicos cumplir lo que dicen predicar.