La Campaña propiciada por diversos sectores del antiaprismo y algunos otros interesados en disminuir las posibilidades electorales de la estrella se empeña fervientemente en asociar la estela del narcotráfico con la institución aprista. En ello llevan ya alrededor de 20 días continuos, sin dejar ni uno solo de persistir en afirmar responsabilidades del APRA por la circunstancia de que uno de sus inscritos (Gerald Oropeza) esté siendo investigado por lavado de activos y los indicios apunten a relacionarlo con una red del narcotráfico.
Aquí debemos detenernos un instante a señalar que si la Unidad de Investigación Financiera, que depende del Gobierno, cuyos funcionarios han sido nombrados por el Gobierno ha declarado que el caso “Oropeza” no era evidente -a propósito de que en el régimen de Ollanta Humala la empresa SERGERO SAC, propiedad de Oropeza haya contratado con el estado por centenas de millones de soles- entonces preguntamos: ¿Si el Estado, con sus inmensos recursos y con un departamento dedicado a tiempo completo a esa labor no pudo detectar los movimientos ilegales o no pudo conocer con quién contrataba –instituciones como el Ministerio Público- cómo se le puede exigir a un Partido Político, carente de recursos, un conocimiento cabal de cada uno de sus 380 mil afiliados?. Pongamos en perspectiva el hecho de que Gerald Oropeza no era ni dirigente, ni un aprista influyente, es más ni siquiera un militante activo.
Las responsabilidades penales son individuales, no colectivas y esto debe quedar bien claro, por los errores de un inscrito toda una colectividad no puede ser catalogada con la falta individual. Insistir en ello es prestarse al juego sucio que lamentablemente un sector con poder en el país quiere utilizar para debilitar a la principal institución política del Perú.
Pensemos en otros ejemplos para notar la inconsistencia de esta campaña: Si un Obispo es acusado de pedofilia ello no implica que toda la iglesia se encuentre corrupta o ampare esa deleznable práctica; una institución con millones de adscritos, con 2 mil años de existencia no puede mancharse por el error de alguna mente insana. El error de uno no decae ni la misión ni la labor inspirada por Cristo y continuada por hombres como San Pablo, San Agustín, San Ignacio de Loyola, Santo Tomás de Aquino y hoy representada por el Papa Francisco.
Dentro de las fuerzas armadas peruanas existen malos elementos –pensemos en la venta de información a Chile por ejemplo- pero ello no implica que la institución entera esté en disposición de delinquir o traicionar a su patria. El error de algunos zamarros no desmerece los objetivos ni la misión actual de un cuerpo que ha defendido con miles de vidas la soberanía de nuestro pueblo erigiendo en ese camino héroes que cincelan nuestra identidad nacional como Grau, Bolognesi, Quiñones, etc.
Los medios de comunicación libres son pieza clave del funcionamiento de una democracia sana. Sin embargo en otros países como en el Perú muchos periodistas prefieren la prebenda y actúan bajo consigna motivados por el dinero y el poder. Es más incluso algunos dueños de medios en el 90s, bajo la égida del fujimontesinismo, recibieron varios millones de dólares a cambio de ponerse la camiseta de la dictadura. Ello sin embargo no lleva a nadie racional a plantear cerrar dichos medios de comunicación, que actúan hoy en día libremente como debe ser; la responsabilidad es individual, no colectiva.
Llamamos a la reflexión a la ciudadanía no dejarse sorprender pues por argumentos de gente interesada de desaparecer de la escena al Partido del Pueblo, que con sus 90 años a cuesta siempre ha demostrado luchar por los intereses de las mayorías nacionales, de los más pobres y que –con sus errores- jamás ha canjeado la defensa de esos ideales por el acomodo frente a la adversidad.
No mancharán al APRA
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