Por Roberto Rendón Vásquez.
El ser humano para subsistir tiene que trabajar. A los cristianos les explican que cuando el creador se enteró que Adán había cometido el pecado original, bajo al paraíso terrenal y le dijo: “ahora comerás el pan con el sudor de tu frente”. Se originó el trabajo para subsistir. En la historia del mundo y en todas las civilizaciones el hombre ha trabajado y no solo subsistir él y su familia, sino que con su labor deja monumentos culturales en el mundo que los ha edificado.
En trabajo a través de la historia humana ha pasado por diferentes etapas. Al comienzo para subsistir tomaba los frutos de la tierra o casaba animales o pescaba en ríos y mares. Luego aprendió a cultivar plantas y a domesticar animales y lo hacía con trabajo cotidiano. Pero más tarde –el hombre organizado en tribus– unas guerreando sometían a otras y las esclavizaban; los esclavos trabajaban para la subsistencia de “sus vencedores” y de ellos mismos. “El modo de trabajo de los vencedores fue organizarse, armarse y someter a los vencidos. Vino otra etapa en el mundo: el vasallaje en que había hasta reyes; los vasallos tenían que trabajar para la subsistencia de los “nobles” y éstos gobernaban y administraban sus “civilizaciones”. Llego la etapa del trabajo para los patronos, los trabajadores de campo y ciudad “prestaban” su trabajo dependiente y subordinado a “cambio” de una remuneración que paga el “patrono” que era dueño de los medios de producción e inmuebles y de los productos elaborados en sus “centros de trabajo”. En toda la historia humana el ser humano ha tendido que trabajar para subsistir, sea o no subordinado a otros.
Actualmente el trabajo no solamente es un deber, “es un derecho”. El ser humano requiere y necesita trabajar para obtener una remuneración que le permita subsistir. Cada persona puede establecer su propio centro de producción en la que labore él y de ocupación a otros. Sin embargo, hay quienes por tener “disponibles” capitales (suyos o que administra) constituyen centros de trabajo para producir bienes y/o servicios destinados a los mercados donde hay consumidores bien para su subsistencia o para “negociarlos” a otros”. Cada “centro productivo” para operar necesita de la mano de obra ajena que contrata a cambio de una remuneración. Éste es el medio del trabajador contratado para su subsistencia personal y familiar.
Estamos desde hace más de un siglo en que hay gente (empresarios) que trabaja invirtiendo sus capitales para producir bienes y/o servicios destinado a los mercados que pueden ser locales, nacionales e internacionales. Esas producciones requieren de contratar a personas que “vendan” su fuerza de trabajo a cambio de remuneraciones. En la sociedad se requiere que cada vez haya más inversionistas que constituyan centros de trabajo que den “empleo” a otros humanos.
Para que haya empleo con muchos – muchísimos – puestos de trabajo se requiere importantes centros de producción de bienes y servicios y para ello se necesita empresarios nacionales y extranjeros que inviertan capitales principalmente en industrias, agricultura, extracción de minerales, pesca, comercio, transporte, construcción, servicios, etc. El Estado también puede y debe invertir en infraestructura, carreteras, explotación de hidrocarburos, mejora de servicios para la población, etc. Esto siempre se ha solicitado a los gobernantes.
Ante esa necesidad es honesto discrepar con quienes en sus campañas electorales con “sus discursos” ahuyentan a los empresarios nacionales y extranjeros y han determinado que en el mercado nacional cada día haya más desocupados, se devalúe nuestra moneda y eleve el precio de las divisas, cuya consecuencia es aumentar el precio de productos sobre todo los de necesidad alimentaria. La pobreza se incrementa lo que no se soluciona “repartiendo” dinero proveniente del erario nacional. La economía nacional se deteriora.
Es necesario señalar que el nuevo gobierno (julio 2026) evite espantar a los inversionistas nacionales y extranjeros y el cierre de centros de producción.
Se requiere invocar a los políticos electos que, sin renunciar a sus doctrinas, establezcan legalmente honestas garantías que se respetarán las inversiones foráneas y nacionales para aumentar significativamente la producción de bienes para los mercados peruanos e internacionales. Si logramos mayores cantidades de bienes exportables, no solamente se incrementará significativamente el número de puestos de trabajo estables con remuneraciones y beneficios sociales conforme a la legislación peruana; sino que también habrá mejora de la recaudación de impuestos y sobretodo la superación de la pobreza.
Se requiere la reflexión de los gobernantes. Los políticos “ganadores” electorales no olviden que en calles y plazas esperan multitudes y hasta pueden producir mártires. ¡Exigirán que se les garantice puestos trabajo!