Punto de Encuentro

El “giro antropocénico” redefine el objeto de la ciencia política

El “giro antropocénico” redefine el objeto de la ciencia política, pues supera la matriz cartesiana que escinde sociedad y naturaleza, sobre la cual se erigió históricamente la disciplina. Es decir que, estamos ante el cuestionamiento politológico de René Descartes, y ante la idea de que humanidad y naturaleza constituyen una “trama socionatural inseparable y políticamente gobernable”. La idea es que, la política acontece dentro de relaciones socionaturales, y no simplemente delante de la naturaleza. O sea que, no estamos, ni única, ni principalmente, ante un nuevo objeto medioambiental de la disciplina. El antropoceno es una categoría que redibuja la frontera de lo políticamente cognoscible y, como tal, redefine las fronteras del propio objeto de estudio general de la ciencia política. El politólogo español Manuel Arias Maldonado ha publicado los libros Antropoceno. La política en la era humana (Barcelona: Taurus, 2018), y con Ángel Valencia Sáiz, como editores, Desafío Antropoceno (Valencia: Tirant lo Blanch, 2025). Ambos libros sostienen la tesis, muy potente, de que el antropoceno nombra una de las grandes paradojas políticas de nuestro tiempo, en el sentido de que la humanidad ha adquirido una capacidad de transformación planetaria de tal magnitud que la antigua distinción entre historia natural e historia humana comienza a desdibujarse. La naturaleza que creíamos exterior a nosotros lleva ahora nuestra huella. Ocurre que, clima, biodiversidad, territorio y ecosistemas aparecen crecientemente mediados por la acción humana; pero, al mismo tiempo, esas transformaciones retornan sobre las sociedades, condicionando sus posibilidades de existencia. La relación deja de ser unilateral, en tanto que, sociedad y naturaleza forman un entramado de causalidades recíprocas. Entonces, la ciencia política que, como toda disciplina, decide qué pertenece, y simultáneamente, qué no permanece a su territorio cognitivo, va construyendo su objeto a través de un proceso de inclusión y exclusión. Tradicionalmente, el proceso político ocurría entre hombres, grupos e instituciones; en tanto que, la naturaleza permanecía como exterioridad, escenario o condición material de aquello que verdaderamente interesaba al politólogo. Es decir, categorías disciplinares centrales como Estado, poder, sistema político, instituciones y democracia han delimitado históricamente un espacio politológico circunscrito a lo humano. Un espacio político exclusiva y excluyentemente humano.

El antropoceno cambia, de manera irreversible, la cartografía politológica cartesiana. Arias Maldonado propone que la naturaleza ha dejado de ser el telón de fondo sobre el cual actúan el Estado y la sociedad, y ha pasado a convertirse en una dimensión constitutiva de las relaciones de poder. El objeto politológico experimenta una ampliación de escala. Hoy, gobernar también significa intervenir sobre territorios, especies, recursos, tecnologías, fuentes energéticas, condiciones climáticas, incluso condiciones biofísicas. Decidir sobre ello, significa distribuir costos, beneficios, riesgos y posibilidades de vida. Seamos aún más explícitos: El tiempo político no debe pensarse más en coincidencia únicamente con el calendario electoral, cuando se enfrenta al tiempo largo de los procesos planetarios; el territorio no debe pensarse más solamente como superficie jurisdiccional del Estado, cuando forma parte de sistemas ecológicos que lo exceden. Valga la aclaración: No se trata de convertir la ciencia política en una ciencia de la naturaleza. Algo más: El politólogo seguirá estudiando los objetos tradicionales, normales, de la disciplina, pero también deberá encontrarlos en la naturaleza, y en las relaciones mediante las cuales las sociedades producen, administran y disputan sus propias condiciones naturales de existencia. Finalmente, el giro antropocénico incorpora la naturaleza, y al planeta, al horizonte de lo políticamente pensable, y redefine el objeto mismo de la ciencia política.

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