El Sistema Privado de Pensiones (SPP) se implantó en el Perú en los años noventa, copiando el sistema pensionario Chileno. Este sistema está basado en que cada trabajador aporte mensualmente a una cuenta individual de capitalización, que irá creciendo con el tiempo para que cuando llegue la edad de jubilación, se reciba una pensión de acuerdo con lo que se tiene acumulado en el fondo.
Sin embargo, el SPP ha mostrado una cuestionable administración de nuestros fondos, despertando la indignación general cuando la SBS trató de implementar las nuevas tablas de mortalidad que incrementaban la esperanza de vida de los peruanos. Ya no sorprende que mes a mes los reportes solo nos muestren decrementos (si, reducción del fondo de jubilación), sino que a pesar que los montos se reducen, las AFP nunca pierden cobrando una de las comisiones más altas de la región.
Hay que recordar que la creación del SPP fue una alternativa al sistema público de pensiones en un momento en que el país estaba quebrado, pobre y sin divisas ni crédito. Se requería urgentemente desarrollar un mercado financiero que permitiera la reactivación económica. Para los políticos de esos años crear un mercado financiero implicaba asegurar a los inversionistas un flujo importante y constante de ahorro que provendría de obligar a cada trabajador a aportar al sistema para la jubilación, cobrando comisiones altas descontadas del suelo de los trabajadores y no de la rentabilidad que se genera de las inversiones.
Los tiempos han cambiado y el Perú ha crecido mucho desde entonces. Si bien, nos falta camino por recorrer, reformar el sistema de pensiones es necesario si queremos seguir avanzando.
Abramos el mercado para que venga más inversión que promueva la competencia, permitamos la libre desafiliación de las AFP, alineamos los incentivos de las AFP y los aportantes, liberemos la disponibilidad de nuestros fondos, generemos nuevos productos pensionarios, en suma, confiemos más en la gente que en todos estos años ha sabido invertir su dinero, ya sea en activos fijos que le permitan vivir de la renta que generan o invirtiendo en capital humano de ellos mismos y de sus hijos.