Punto de Encuentro

Inteligencia emocional en los colegios

Hace unos meses Juan Lizárraga, director de ManpowerGroup Perú, comentaba en Gestión que en los últimos años las empresas tienden a valorar tanto o más el desarrollo de habilidades blandas en sus reclutamientos que los conocimientos o la experiencia. Aunque, la importancia del desarrollo de las llamadas habilidades blandas en el trabajo (como el trabajo en equipo, el liderazgo, la resiliencia, la comunicación o la motivación) no es nuevo en el mundo de la administración y la empresa, si lo es en la Educación.

Actualmente, el desarrollo de habilidades blandas en el colegio o incluso en la Universidad no tiene prácticamente ninguna importancia. Las instituciones educativas en el país tienden a concentrase en la enseñanza analítica, el conocimiento matemático y las capacidades lingüísticas y esto se debe, entre otras cosas, a lo relativamente fácil que resulta medir, en estos términos, el rendimiento escolar. Piénsese, por ejemplo en PISA que se concentran básicamente en pruebas de razonamiento verbal y matemático. Y la autoestima o el civismo, ¿cómo lo medimos?

Que no se me malinterprete. No estoy en contra de que se eduquen nuestros niños y jóvenes en matemáticas o historia. Sino que el no prestar atención al desarrollo de las habilidades blandas, en la inteligencia emocional nos está trayendo malos resultados, no solo a niveles socioemocionales como el incremento de la delincuencia juvenil, embarazos adolescentes, alcoholismo y drogadicción sino también en los resultados académicos.

Las investigaciones sobre estos asuntos aunque incipientes ya nos están dando luces sobre el complejo tema en cuestión. James Heckman, premio nobel de economía 2000, ha estudiado el asunto y sus investigaciones nos dicen que el desarrollo de la autoestima, el autocontrol, la perseverancia y la sociabilidad en la infancia tiene efectos en el largo plazo, sobre su vida adulta, mejorando la personalidad y sociabilidad; logrando la mejor adaptación en el mundo laboral, incrementando sustancialmente la productividad, además de mostrar un importante desarrollo de las capacidades cognitivas alcanzando un mayor rendimiento académico en las aulas escolares y universitarias. Mientras más se retrase el desarrollo de la inteligencia emocional en el crecimiento de los niños, más difícil se tornará lograr estos efectos positivos en sus vidas.

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