José Carlos Mariátegui inicia sus Siete Ensayos advirtiendo que no pretende ser un crítico imparcial y objetivo de la realidad peruana, sino que planea acometer esta empresa influenciado por sus ideales, sentimientos y pasiones. Estoy lo más lejos posible de la técnica profesoral y del espíritu universitario, confiesa.
Ochenta y siete años después su nieto, el periodista Aldo Mariátegui, bien puede hacer la misma advertencia sobre su libro el Octavo Ensayo, aunque irónicamente, motivado por ideales, sentimientos y pasiones totalmente opuestos.
Escrito en prosa sencilla, Aldo pretende que su libro tenga la difusión y el alcance que han tenido sus columnas de opinión. Sabe que el público no está acostumbrado a la lectura, que rápidamente se aburre. El objetivo es llegar a la mayor cantidad de personas, sobre todo jóvenes, y convencernos a través del relato cronológico que la izquierda solo ha traído desgracias.
El libro comienza hablando del fundador de socialismo Peruano, precisamente José Carlos Mariategui. Señalando la hetorodoxia marxista de su insigne abuelo influenciado principalmente por pensadores italianos como Gramsci, lo que le llevará rápidamente a ganarse enemigos y problemas, especialmente entre sus camaradas socialistas de tendencia moscovita.
Aldo también acusa que el Amauta tenía muy idealizado a la comunidad campesina y anota que fue un error pensar que en el ayllu peruano se podía encontrar el germen de un comunismo embrionario, del que podía emerger la revolución socialista.
La historia continúa, con la muerte temprana de José Carlos Mariátegui y la primera separación de la Izquierda en los bandos de Eudocio Ravines y Luciano Castillo, y posteriormente la aparición de nuevos movimientos populares como el Movimiento Social Progresista y la influencia católica en la creación de la Democracia Cristiana.
Los siguientes años la izquierda rivalizaría con el APRA por la representación de la clases populares y compartiría con está la represión y el destierro. Pero sería con la victoria de la Revolución Cubana que una parte de la izquierda se lanzaría a la armas para asaltar los cielos.
El capítulo siguiente, que es en donde el autor gasta más tinta, trata del Velascato. Este periodo de nuestra historia es mostrada como la más nociva de todas, en un contexto de dictaduras militares de derecha en Latinoamérica; el Perú daba un viraje hacia el socialismo nacionalista. La izquierda que había tenido magros resultados electorales hasta entonces, se ve de pronto como protagonista ideológico de los cambios sociales. Aldo, no le da tregua al Velasquismo. Para el autor, el gobierno militar solo trajo el desastre económico y el caos social.
Finalmente, termina el libro con la historia de la izquierda en los tiempos de Alán García de los ochenta, de Izquierda Unida y también de la parte más oscura de nuestra historia: Sendero y el MRTA.
Hay que entender que el Octavo Ensayo no pretende sentar un hito en la historiografía peruana, sino que nos muestra la particular visión de su autor, la que aunque se base en sucesos complementa ciertos y verificables, muchas veces cae en simplificaciones y lagunas, como dice el crítico José Carlos Yrigoyen.
Víctor Cárdenas