Punto de Encuentro

Corrupción en tiempos de democracia

 

Los paladines de la democracia, del discurso de lucha contra la corrupción, han empezado a caer. Nuestra élite política actual, fruto de las pugnas contra el fujimorismo de los 90’s, parece no haber aprendido de los errores y excesos de la utilización del aparato burocrático para intereses propios. Alejandro Toledo, quien en sus años mozos, fue figura indiscutible de la ética pública cuando se redujeron los espacios de participación y la transparencia en la rendición de cuentas, es acusando, en base a pruebas fidedignas, de sobornos por casi 20 millones de dólares por parte de Odebrecht y Camargo Correa, ambas transnacionales brasileñas con el monopolio de las obras públicas durante la última década.

Esto pone en evidencia algo estructural: la corrupción es transversal a cualquier gobierno, sea de corte civil o autoritario, y cuando no da lugar un aprendizaje institucional, el problema está condenado a repetirse. Hoy, nuestra clase política no es más portadora de las banderas que buscan enfrentarse a la corrupción, porque es parte de ella y poco ha hecho por quitarse el lastre de las prácticas ilegales durante el fujimorato.

Jorge Barata, el tan solicitado emprendedor de políticas de Odebrecht y Camargo Correa (como se le llamaría en política públicas), puso en vitrina los tramos II, III y IV de la Carretera Interoceánica – Sur y Toledo es el principal implicado al ser el encargado de tomar las decisiones en la concesión. No es el único. Alan García, quien sagazmente viene evadiendo las investigaciones, es acusado directamente por favorecer, a través del polémico decreto de urgencia 032, la concesión de la Línea 1 del Metro de Lima. ¿Para favorecer a quién? Odebrecht. García es inteligente ya que pretende deslindar responsabilidades en Enrique Cornejo y un grupo de allegados, cuando el que tomabas las decisiones en el Ejecutivo era él. Finalmente, la fiscalía brasileña encontró pruebas de un financiamiento de casi 3 millones de dólares a la campaña de Ollanta Humala el 2011. ¿Quién llevó a cabo esto? Odebrecht. Tal parece que nadie se libra del mal endémico, es más: han aprendido a convivir con ello.

Un debate que no ha sido abordado en los medios y que debería encender las alarmas en la ciudadanía es: ¿Qué tan aperturista es nuestro modelo neoliberal sin los mecanismos adecuados de rendición de cuentas? Nuestro modelo de desarrollo, a la peruana, deslumbra a nivel internacional por tan magníficos índices de estabilidad macroeconómica; sin embargo, ¿qué tanto hemos avanzado con respecto a la fiscalización de nuestros representantes? Poco, producto de una aletargada sociedad peruana, que puso en las manos de los tecnócratas la llave para el desarrollo en tiempos de bonanza de los recursos naturales. Ya lo señaló Fernando Vivas en un lúcido artículo, precisando el final del proyecto tecnocrático forjado desde la transición democrática hasta nuestros días. A esta idea, deberíamos sumarle el cuestionamiento hacia nuestras élites empresariales, que están en una coyuntura crítica de desprestigio, por el uso perverso del “libre mercado”.

Odebrecht no solo ha contaminado nuestra élite política, ha escrudiñado las pocas esperanzas en esa idílica idea de que en democracia, hay más transparencia. Al parecer, el ganador en el corto plazo es uno solo: el fujimorismo. Por tanto años, se estigmatizó a Keiko Fujimori por el lastre de la corrupción durante el gobierno de su padre. Hoy, es una oportunidad para sacudirse de ese mal y reescribir el discurso fujimorista. Toledo, García y Humala, son héroes de barro y el fujimorismo tiene todos los medios para cuestionar a los gobiernos democráticos, por su poca eficacia en combatir la corrupción.

La estrategia más arriesgada para el fujimorismo será apropiarse de ese rol fiscalizador hacia el gobierno actual y en las investigaciones a los ex – presidentes. Hildebrant ya lo dijo: “PPK le está haciendo la camita a Keiko Fujimori para su triunfo el 2021”. Le sumariamos: “Toledo, García, Humala y PPK, le están poniendo en bandeja de plata, no solo su triunfo el 2021, sino quitarse esa mochila pesada que la asocia con la corrupción”. Es un momento excepcional para el fujimorismo y crítico para el gobierno actual. Las cartas están sobre la mesa.

 

Alejandro Mejía Tarazona 

 

NOTICIAS MAS LEIDAS