Punto de Encuentro

Un gesto político

7 Febrero, 2017

Omar Via

 

Omar Vía 

 

¿PPK tiene algún asesor o susurrador que se atreva a decirle que es bueno, de cuando en cuando, hacer política?

Quiero imaginarme a las señoras Susana De La Puenta y Cecilia Blume repartiendo consejos de alto calibre constitucional (por si hay que tener cuidado con las “gestiones de interés”), que tanto ellas promueven. Sin embargo, difícilmente logro descifrar un perfil cercano al Presidente capaz de hacerle entender que lo que la gente reclama a diario no es un lord inglés, sino un presidente que muestre sensibilidad y acierto.

Mencionaré por dos razones a nuestros nunca pasados de moda ex presidentes. Dejemos descansar en paz a Fernando Belaúnde.

Arrancamos, entonces, con Alan García. Joven impetuoso que pechaba en el Parlamento al mismísimo Primer Ministro, Manuel Ulloa, con desfachatez, con arrogancia y con un lenguaje radicalmente popular. Alguna vez dijera este muchacho en un discurso de 1983: “Ellos (los belaúndistas en el poder) nos dicen ¿por qué se habla del pan, por qué se habla de la leche, por qué se habla del aceite? ¡Porque eso come el pueblo, señor Presidente!” ¿Lindo, no? Pero, de su primer gobierno, after estatización de la banca (1987), ni hablar ¿no?, mejor. Sabemos cómo terminó eso… ¡Pero cómo caló García en la política nacional!

Año 90. Fujimori, insospechadamente, arrebata la chapions al novelista Mario Vargas y promete borrar todo señuelo de “política clásica”, de “partidocracia” ejercida, en su mayoría, por Acción Popular, PPC, Izquierda Unida y el APRA desde el Congreso. Fujimori fustiga, se pelea con diputados y senadores; se gana al pueblo. En medio de un ambiente ciertamente funesto, da su golpe y la gente lo llega a amar. Luego viene la emergencia de una clase popular que crece al margen de la ley, casi casi auspiciado por un gobierno (también al margen de la Ley) que se pasó una década regalando sacos de arroz a todos los peruanos. Para rematar su vínculo con la muchedumbre nunca está demás una tecnocumbia al ritmo del chino y ¡ya estaba! Nos íbamos para los 15 años, pero… Historia conocida.

Ok, mucho de lo último no debería imitar PPK, pero sí recalar en la importancia de los gestos, las decisiones de saber cuándo y a dónde dirigir los misiles.

Nos llega como curioso meteorito un hombre llamado Alejando Toledo, también dispuesto a jugarse el todo por el todo contra la dictadura, y así conquista a la mayoría de los peruanos con sus gestos a la vez adustos, a la vez graciosos y a la misma vez irrepetibles: como agitar los brazos en movimiento mecánico de repetición (como quien acerca y aleja un monitor) justo antes de quedarse, por otro tiempo prolongado, con los brazos entre cruzados dándose un interminable abrazo a sí mismo: como un Pachacutec sí, pero bebido. ¡Ah! y fashion, a la vez, con su gringa al lado. ¡Déjenme trabajar, CARAJO! repetía sin parar. ¿Alguien podía dudar de que, además de dedicarse a ciertas aficiones, realmente ocupaba su tiempo en la labor gubernamental? Parecía mentirosito, pero no ocioso. ¡Y la vincha verde tuvo su feeling por mucho tiempo!

Alan otra vez. Next.

Ollanta Humala se dedicó, por lo menos, una década previa al inicio de su mandato, a construir el perfil del perfecto anti-sistema. Le costó tiempo, pero terminó por convencer a los izquierdistas (nunca olvidar) y estos tuvieron a su segunda bota militar bajo la cual cobijarse y soñar y auto engañarse. A diferencia de los anteriores, Humala Tasso rápidamente descongeló sus pretensiones de ser el alfil peruano del modelo bolivariano; sus deseos orbitaron cada vez más cerca de la Confiep, con quienes Nadine Heredia, la presidenta en reales funciones, sostenía intrigantes reuniones. La ex pareja presidencial se desdijo de un lado, pero supo cultivar el arte de la confrontación, sobre todo contra Alan García, para el que armaron una “megacomisón” que no cumplió su encargo directo (meter preso al ex presidente), pero sí consiguió trasquilarle el magnetismo que tenía con las masas. De Ollanta solo quedarán recuerdos (si en caso), pero Nadine Heredia aún seguirá siendo un resabio presente para los peruanos, de no ser que alguna investigación concluya con penalizar algún probable delito suyo. ¡Larga vida al nadinismo!

Presidente PPK, tiene ud. acá más de un ejemplo, bueno y malo, sobre todo malo, lo sé. Pero todos ellos con un rasgo válido en común, esos ex presidentes se atrevieron a dejar ver su lado más salvaje, su lado bestial que conectó directamente con la ciudadanía. Si bien todos los anteriores tuvieron  planes a futuro y de ud. se duda que los tenga, ésta no deja de ser una buena razón para reparar mientes en la actitud que podría dejar mostrar de cuando en vez.

La segunda razón para haber mencionado a tanto ex presidente es para decirle que, precisamente, a ellos (con excepción de Alberto Fujimori) los inste, públicamente, a regresar al Perú, ya sea desde Norteamérica, desde España o desde Suiza, y que cada uno de ellos (incluyendo a Nadine) muestren un poco de vergüenza ante los peruanos por haber permitido que suceda bajo sus mandatos la peor de las facetas de nuestra débil democracia: la complacencia con la corrupción.

¡Ánimo, señor Presidente! Un gesto político nunca está de más.

 

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