El voto preferencial es el instrumento otorgado al ciudadano para que, a partir de una lista cerrada de candidatos, pueda preferir a uno de su mayor simpatía, sin importar el número correlativo en el que se encuentre. Esta facultad brindada por el legislador tiene por finalidad debilitar en cierto modo la hegemonía de la que gozaban las cúpulas de los partidos políticos en el Perú, pero se ha abierto un mercado de oferta y demanda de las posiciones en las diversas listas. Las posiciones en las listas son cedidas al mejor postor, al sujeto que ve la elección como una inversión y de ser elegido debe obtener una rentabilidad, y vivir de la política -y por ende de los ciudadanos- es una forma de vida que muchos políticos actuales han adoptado.
Diversos argumentos confluyen sobre este álgido tema, los contrarios al voto preferencial señalan que este mecanismo le resta institucionalidad a los partidos, promoviendo en gran medida la colocación de personas con nula vida partidaria en las listas, siempre y cuando "aporten" solidariamente a la campaña. Además argumentan que durante el proceso electoral, se genera un clima de indisciplina entre los candidatos, ya que bajo la fórmula del voto preferencial, la competencia recae entre los mismos integrantes de la lista, preocupándose estos únicamente en competir entre ellos, dejando de lado cualquier fin o propuestas comunes como lista partidaria.
Por otro lado, los partidarios del voto preferencial argumentan que se rompen las voluntades todopoderosas de las cúpulas, limitándolas a la confección de las listas mas no al orden de éstas, que puede ser variado. Elecciones con lista única, padrones adulterados y votos golondrinos cercenan la voluntad de la militancia, que ve desesperanzada como su partido se encuentra secuestrado por allegados de la cúpula, empresarios oportunistas y -no pocas veces- por personajes de la farándula. Siguiendo con el tema del orden dentro de las listas, su eventual variabilidad otorga una cuota de vida partidaria a los ciudadanos no militantes, por lo que les permite modificar una situación confeccionada al interior de los partidos, constituyéndose una suerte de control político.
Con las listas dominadas por las cúpulas, muchos militantes caen en el desasosiego, al ver que si no es con un padrinazgo de poder, jamás podrán llevar una vida partidaria a la par de una carrera política, siendo así que los partidos pierden muchas veces excelentes cuadros jóvenes que podrían darle nuevos aires a la política peruana, tan desgastada ya.
A título personal, considero que el voto preferencial llega a ser un paliativo para la enfermedad dentro de los partidos, pero no debe ser tomado como el remedio milagroso. Antes de la supresión del voto preferencial, y coincidiendo con la tesis de Salcedo Cuadros, debe forzarse a los partidos políticos a tener unas verdaderas elecciones internas coordinadas con las instituciones electorales nacionales, y por qué no, la realización de elecciones primarias internas podría suponer un cambio real en las organizaciones políticas nacionales. Pero éstas medidas no deben ser aisladas; la fiscalización de los aportes a las campañas y el rastreo de la proveniencia de las grandes sumas de dinero son medidas que, ya aplicadas actualmente, fortalecen la institucionalidad y la democracia de los organismos que deberían ser, por excelencia, los ejemplos de la vida en democracia.