Punto de Encuentro

Casa del infante: ¿Qué hacen los municipios por prevenir la violencia infantil?

En los últimos años, hemos sido testigos del ataque sistemático que vienen sufriendo mujeres, niños y niñas. Casos espeluznantes de violencia sexual son cada vez más asiduos en las noticias cotidianas.
 
El debate sobre las sanciones a estos crímenes siempre está sobre el tapete, pero en cuanto a medidas preventivas las autoridades se enredan en el laberinto de las "competencias" o se escudan en sus "bajos presupuestos"  y no demuestran voluntad política suficiente para contrarrestar este problema. 
 
La gestión del tiempo libre de los niños es un asunto que casi todos los gobiernos pasan por alto. La dedicación de los padres y madres a la formación de sus hijos es una tarea que se delega o se abandona, casi siempre debido al exigente ritmo de trabajo al que nos atenemos  la mayoría de peruanos, o simplemente por falta de voluntad y paciencia para el acompañamiento de los niños.
 
Existe relación patente entre la falta de presencia de los padres y problemas de conducta  que desencadenarían en violencia en la edad adulta. ¿Tiene un gobierno local la capacidad para atender esta demanda? Francia nos demuestra que sí.
 
Aquí, desde hace varios años, los municipios ofrecen el servicio de guardería y de salones de juegos para niños y niñas durante su primera infancia. El acceso al establecimiento es gratuito. Los menores asisten acompañados de algún responsable quién será el encargado de cuidarlo mientras use las instalaciones.
 
La infraestructura de Maison de l'enfant consta de una sala con juegos educativos, recreativos y de estimulación. Baños diseñados para las necesidades de los niños y una área de espera para los padres o apoderados que deseen acompañar a los menores.
 
También se brinda atención  de profesionales como psicólogos, médicos y pedagogos. Esta política de cuidado es fundamental para erradicar los focos de violencia al que están expuestos los niños. Además, contribuye al empoderamiento  de las mujeres (porque en la mayoría de casos son las que se ocupan de la crianza en casa) que dejan de trabajar fuera del hogar porque no tienen a alguien confiable que cuide de sus hijos.
 
Este ejemplo de política social en un país  remoto, no debe resultarnos inalcanzable ya que las estadísticas con cifras de horror nos exigen mirar soluciones a la altura del problema. 

 

 

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