En pocas semanas hemos ido descubriendo como el cáncer de la corrupción ha hecho metástasis en las instituciones fundamentales del país. Hemos descubierto la corrupción empresarial con el caso Lava Jato y sus colaterales como el club de la construcción. Ella comprometió ex presidentes, ministros e hizo renunciar a PPK. Una derivada fueron las mafias que circulan en alrededor del Ministerio de Economía, el año pasado con los hermanos Campusano y hace pocas semanas con funcionarios de larga data que chantajeaban alcaldes con el fin de otorgar financiamiento público a obras. También nos enteramos, primero con los Mamani audios, que lo congresistas cobraban un porcentaje por lograr se adjudique presupuesto público para obras, lo que luego fue ratificado por la alcaldesa de Pacaran quien señalo al congresista keikista Percy Alcalá de estas prácticas. Y como olvidar, el mecanismo establecido en la ONPE -que debe garantizar la probidad de nuestros procesos electorales- para facilitar la inscripción del partido Podemos, sin cumplir con lo establecido por la Ley.
Y como si todo esto no fuera suficiente, la mafia que había capturado una parcela del sistema de justicia, desde el nombramiento de jueces y fiscales, hasta la resolución de casos. La forma como en el Callao se había capturado la justicia por una mafia no es nueva, -ha ido sucediéndose administración tras administración por lo menos los últimos veinte años- pero hoy, gracias a una fiscal y aun juez, hemos podido conocer y probar el mecanismo usado.
Al comenzar el siglo veníamos, supuestamente, de acabar con la corrupción que se anidó entre Fujimori y Montesinos. Fue una corrupción centralizada. En el nuevo siglo pasamos a una corrupción descentralizada, con mafias que surgían organizándose en cada eslabón del aparato estatal. Alcaldes, gobiernos regionales, nos dieron las primeras señales. Lava Jato nos mostró a Presidentes como Alejandro Toledo, que supuestamente había surgido contra la corrupción, hasta Ollanta Humala y su nacionalismo sometido al imperialismo empresarial brasileño. Las últimas escenas son dramáticas: funcionarios del MEF, supuestamente la más alta tecnocracia del país, así como jueces y fiscales con diálogos de una mala película de corrupción.
Kuczynski convocó a una Comisión de Integridad, cuando descubrió –pocas semanas después de asumir el cargo- que en la oficina de al lado, su asesor hacia negociados con la salud pública. Hoy el presidente Vizcarra nos presenta una Comisión que le propondrá ideas sobre la reforma judicial que luego el mismo Vizcarra someterá al Congreso. La trama que nos develan los audios de hoy, no hacen sino mostrarnos un solo sector de la administración pública. ¿Qué pasa con los congresistas que cobran comisiones? ¿Y los funcionarios del MEF? ¿Y los alcaldes y gobernadores regionales con patrimonios personales que no pueden explicar?
La corrupción ha tomado por asalto al Estado peruano y el Presidente se enfoca solo en el Poder Judicial. Los procesos electorales, la administración de justicia, los congresistas que debaten el presupuesto público, los municipios provinciales y distritales, las regiones, las empresas constructoras. Todo está infectado por la corrupción.
El Presidente Vizcarra hace pocos días nos explicaba que tres años eran poco tiempo para empezar grandes reformas. Hoy el destino le ha puesto el reto de enfrentar la corrupción con determinación y vigor. Sino le hace frente con decisión y firmeza, entonces en tres años quizás hablemos del final del Perú Republicano. Estamos advertidos.