ÁNGEL DELGADO SILVA
El Gabinete Zevallos juramentó entre sustos y trompicones siete meses atrás, luego del controversial cierre del Congreso. No estaban los mejores para liderar el interregno, producida la crisis constitucional. Fueron nominados porque otros desconfiaron de la aventura vizcarrista. Urdieron una camarilla oportunista. Ambiciosos desconocidos, pero ávidos de poder.
Lógicamente, no dieron pie con bola. Y solitos en la cancha, sin control parlamentario, se llenaron de autogoles: Jorge Meléndez (tala ilegal), Francisco Petrozzi (abuso de autoridad), Zulema Tomás, la primera de la trilogía ministerial de Salud de esta era (nepotismo). Descubiertas las cuchipandas con Odebrecht, cayeron los titulares de Justicia y Minería; seguidos por la Ministra de Educación, permisiva con textos de sexo anal y Edmer Trujillo, de reconocido prontuario. Los reemplazaron individuos de la misma caterva.
¿Resulta sensato que semejantes biografías conduzcan los destinos del Perú, en esta hora dramática?. ¿Confiamos en la inteligencia del señor Zevallos para librarnos de la pandemia y sus estragos?. O, ¿qué la experiencia de la señorita Alva reconstruirá al país?. La respuesta es obvia. Pero no la terquedad presidencial ni la complacencia de muchos. Hace tiempo ni las encuestas adulonas ocultan el repudio al Gabinete.
A 50 días de una cuarentena infructuosa (la curva de contagio no se achata ni hay hospitales aptos), imposible soslayar la multiplicación de errores fatales ni encandilarse al discurso triunfalista. Urge cambiar rumbos. Una nueva estrategia que abarque todos los aspectos y movilice los recursos con eficiencia. Mas no será posible hasta que Zevallos y compañía sean puestos en cuarentena política.
Si Vizcarra vacila, el Congreso redivivo, legitimado por el voto popular reciente, los interpele y censure ya. Queremos un Consejo de Ministros en serio, con personalidades de acreditada solvencia (Pilar Mazzetti o Jorge Montoya, por ejemplo). Necesitamos un equipo de gobierno de verdad para enfrentar los retos del presente y mirar al futuro con esperanza. Sólo un Gabinete de Ancha Base devolverá la confianza a los peruanos.