El país del “hay que…”

Grover Pango Vildoso

He sentido orgullo ajeno al ver y oír la reflexión del periodista Beto Ortiz al final de su programa del último viernes de abril. Mis coincidencias con su modo de ver las cosas provienen de una apreciación que elaboramos con mis alumnos en los cursos de Desarrollo Personal hace ya una década.

Ortiz ha orientado sus duras críticas a la arraigada costumbre nacional de “ponerse en balcón” para ver cómodamente lo que ocurre y darse el gusto de dar opiniones sin riesgo alguno. Se concentra en la frase inicial de un comentario: “Hay que…” Sí pues, hay que hacer muchas cosas para que nuestra sociedad y nuestro país sean mejores, pero la expresión suele lanzarse para que otros la asuman, no para quien la pronuncia.

Es aún más triste cuando quienes indican lo que debiera hacerse tienen los recursos para hacerlo. Y, cuando se trata de sectores económicos pudientes que se sienten amenazados, no se arriesgan en mostrar su posición tal vez porque temen ser vulnerables a las críticas sobre el origen o los procedimientos de su bienestar. Y por tanto prefieren que sean otros los que salgan en su defensa (de paso que son sus fusibles) o buscan estar bien con todos, por si acaso.

Un designio infausto nos ha puesto frente a dos modelos políticos y económicos (bastante mal definidos por ambas partes) que, precisamente por sus imperfecciones, no permiten ser muy optimistas. A esto nos ha llevado el desinterés por la política y por el destino común. Pero ya no hay más tiempo para indecisiones; en pocas semanas “hay que” encargar el destino a uno de dos. Y cruzar los dedos.

Así que, más que decir lo que hay que hacer, ¡hágalo compañero..!

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