Todos los peruanos hemos sido testigos de los acontecimientos de los últimos días. Pensamos que se repetía la misma historia de hace dos décadas: un golpe de Estado hecho desde la presidencia. Ningún ciudadano de bien podría estar de acuerdo con demoler las instituciones que permiten el buen funcionamiento del Estado y socavar el Estado de derecho de la manera más salvaje.
La actual convulsión política y social vivida debe ser motivo para reaccionar y sacar algunas conclusiones importantes. En el presente artículo repasaremos algunas de ellas.
¿Construir una visión del país es posible en estas circunstancias o ya somos un caso perdido? Es una pregunta que muchos nos hacemos después de ser testigos de una crisis política prolongada. Se debe entender que la situación actual que vive nuestro país no es casualidad, sino que es el trabajo paciente y dedicado de facciones de izquierdas radicales que, tomando recetas de afuera, concientizaron y capitalizaron la pobreza y la indiferencia del Estado a su favor, en las zonas con mayor vulnerabilidad social.
Este trabajo no se ha hecho de la noche a la mañana, pero es como realmente se puede construir una visión de país, errada, equivocada, pero al fin y al cabo una visión que hoy tienen muchos peruanos.
Y ¿cuál es esa visión? Esta es una visión clasista, en donde “los blancos” están contra “los indios”, en donde los corruptos son los políticos y el Estado de derecho no sirve, sino la fuerza, ya que lo demás es solo una ilusión. Bajo estas premisas han logrado convencer a muchos sectores del país vulnerables, creando un caldo de cultivo que será difícil controlar a corto plazo.
Es importante que la clase política despierte y cree un nuevo escenario para desarrollar un nuevo sistema de partidos políticos, con objetivos y metas claras, más allá de las ideologías. Lamentablemente, las ideologías solo han logrado robustecer la polarización en los países, generar clases resentidas y ser móvil de unos cuantos, creando una “oligarquía zurda” que solo busca generar ideales totalmente contrarios al progreso, el desarrollo y la prosperidad.
Al construir una nueva visión de país, todos los peruanos podríamos identificarnos como una nación que tenga como lema progreso, seguridad y desarrollo. En este nuevo panorama, los nuevos partidos políticos deberían tener como prioridad fundamental formar líderes y construir un sistema de representación real, y no sobre la base de apetitos de poder, sino anteponiendo las demandas del ciudadano. Bajo fórmulas deficientes se desgastó el sistema actual y nacieron los famosos “outsiders”. Este grupo de personajes se autodestruyeron y, de paso, arrasaron con las instituciones del país, debilitándolas y llegando a los extremos que hemos visto.
Sin embargo, aún es tiempo de cambiar la página y llevar a buen puerto nuestro país. Nos tomará años, pero es factible. El Estado ahora sí debe priorizar la salud, pero no solo su acceso, sino también la calidad de la misma, y la educación que esté al alcance de todos, no olvidando factores tan importantes para una aprendizaje pleno, como combatir la anemia en la primera infancia para el mejor desarrollo intelectual de nuestro niños, ya que no nos engañen con el tema de “asamblea constituyente”, ya que es una idea que busca concentrar el poder para unos pocos actores políticos de la sociedad, ya que lo que se necesitan son reformas a nuestra carta magna.
Debemos buscar entonces una nueva visión del país, con base en una educación de calidad para los peruanos, servicios de salud para todos, representación efectiva en los espacios públicos, partidos políticos orgánicos y no mercantilistas, e instituciones desideologizadas. Esta visión para muchos sería utópica, pero a largo plazo es muy factible.
A estas alturas deberíamos apostar por una nueva visión país y no quedarnos en el intento. Podemos llevar a cabo coaliciones de Estado que permitan llegar a objetivos en beneficio de la sociedad. Esto es la gran reforma que necesitamos para tener una nueva visión. Es desde allí que empezaremos a construir patria y nación, pero no para unos cuantos, sino para todos. Lo mejor es no estar abrazados a ningún ismo, sino a buscar como fin supremo del Estado que la persona, con esfuerzo, logre tener su prosperidad.