Hace más de 20 años no se veía una catástrofe tan grande como la vivida hace unos días en el mar Mediterráneo. El naufragio de cerca de 800 inmigrantes muertos, ha conmovido al mundo y ha causado alarma en organismos internacionales.
Mientras escribo estas líneas intento imaginar el sufrimiento de esas familias que hoy lloran la desaparición de sus seres queridos en el canal de Sicilia, Italia. Algunos de los 28 sobrevivientes incluso hablan de 900 personas que viajaban con ellos en la nave. Tras la tragedia en alta mar apenas 24 cuerpos han sido recuperados. Del resto aún no hay rastro y se cree que están atrapados en la embarcación pues los testimonios narran las crueles condiciones en la que viajaban niños y mujeres somalíes, eritreas, sirias encerradas en bodegas del navío.
La fiscalía italiana ha responsabilizado al capitán tunecino Mohammed Ali Malek de ser quien provocó el naufragio al sobrecargar el barco, que perdió el equilibrio justo en el momento en que iba a ser socorrido tras ser divisado tambaleándose.
Pero, ¿Qué hay detrás de esta hecatombe marítima que alcanza a las más altas esferas políticas? ¿Qué se viene haciendo para enfrentar la crisis migratoria en Europa y frenar a los traficantes de seres humanos? Nada de nada.
Lo acontecido en el mar Mediterráneo no es un accidente aislado ni un fenómeno nuevo. Sólo el año pasado, 218 mil migrantes llegaron a Europa por el Mediterráneo. La huida de africanos que intentan llegar al viejo continente y mueren en el camino ha ido en aumento. Muchos escapan de las garras de grupos fundamentalistas yihadistas como ISIS y Boko Haram que los desplazan y se posesionan de sus territorios. Según Amnistía Internacional, sólo en Nigeria 2 mil mujeres y niñas han sido raptadas desde el 2012. Las víctimas escapan de sus pueblos intentando buscar una vida mejor en España, Italia, Francia o Grecia. En el transcurso son tratadas como animales indeseables por xenófobos que sólo ven en ellos una oportunidad de negocio. A cada uno le cobran mil dólares para cruzar el mar.
Los jefes de Estado de la Unión Europea han convocado a una asamblea de urgencia para tratar la problemática de este movimiento migratorio en el Mediterráneo que en este 2015 va cobrando la vida de 1600 personas. Ojalá dejen de lado la pasividad y esta reunión no sea un saludo a la bandera y una burla al mundo entero que hoy tiene puestos los ojos en ellos.