Rafael Rodríguez Campos
El pasado sábado 03 de enero Donald Trump, presidente de EE UU, dispuso la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, la diputada Cilia Flores. Ambos acaban de responder ante el Tribunal Federal de Nueva York y se han declarado inocentes de los delitos de narcotráfico y terrorismo de los que se les acusa. Así, el juez federal Alvin Hellerstein, a cargo del caso contra el dictador Maduro y su esposa, ordenó este lunes que la segunda comparecencia de ambos se celebre el 17 de marzo, tras haber concluido ya la primera audiencia ante una corte estadounidense.
Por su parte, en Venezuela Delcy Rodríguez ha juramentado como presidenta encargada ante la Asamblea Nacional, donde su hermano Jorge Rodríguez también ha renovado su cargo como presidente de la Cámara desde 2021. Ambos eran considerados como unas de las figuras de mayor poder e influencia en la dictadura de Maduro y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En otras palabras, el sátrapa Maduro ha sido capturado pero sus cómplices siguen ejerciendo importantes cuotas de poder en Venezuela por lo que es fundamental iniciar un auténtico proceso de transición democrática.
Transiciones democráticas
Al respecto, es importante recordar que las transiciones democráticas son procesos de cambio de regímenes autoritarios a democracias. Estos procesos en América Latina han estado fundados sobre la base de dos axiomas: 1) El respeto a los derechos humanos; y 2) La promoción de la participación ciudadana. Además, los objetivos centrales en las transiciones de la región han tenido básicamente los siguientes objetivos: 1) El fortalecimiento del Estado de Derecho; 2) La rendición de cuentas; y 3) La búsqueda de verdad, la justicia y no repetición de abusos.
Más allá de las elecciones
En esa línea, una transición no se basa únicamente en la celebración de nuevas elecciones, sino en la implementación de reformas institucionales profundas que permitan desmontar las estructuras que dictaduras (como la de Maduro) construyeron para perpetuarse en el poder garantizando la voluntad popular expresada libremente en las urnas, como así lo estipulan los instrumentos del derecho internacional público.
La experiencia en América Latina
Dicho ello, es importante recordar que en nuestra región todas las transiciones (las iniciadas en la década de los ochentas, por ejemplo), en mayor o menor medida, fueron llevadas a cabo a la luz de cinco principios que las orientaron:
Primero, los estados reconocieron que toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o a través de sus representantes elegidos en elecciones periódicas y auténticas, porque la voluntad soberana del pueblo es la base del poder en una democracia.
Segundo, los estados asumieron el compromiso de crear un entorno de respeto de los derechos humanos y libertades fundamentales (libertades civiles y políticas) como presupuesto para la reconstrucción de la democracia y el estado de derecho.
Tercero, los estados entendieron que un componente ineludible para superar pasados dictatoriales, buscando verdad, justicia (sanción penal a los responsables), reparación a las víctimas, recuperación de la memoria histórica y garantías de no repetición es la Justicia Transicional que además de suponer la creación de Comisiones de la Verdad exige la implementación de reformas institucionales que desmonten las estructuras de poder de las autocracias.
Cuarto, los estados asumieron el compromiso de consolidar la estabilidad democrática, y para ello, adoptaron acciones para garantizar el respeto a la ley, la protección de las minorías, la transparencia y la rendición de cuentas de los gobernantes. Por ello, son las nuevas autoridades quienes asumen la obligación de cooperar con la Justicia Transicional para que los dictadores (como Maduro) y sus secuaces (como Delcy Rodríguez y Jorge Rodríguez) respondan ante los tribunales y reciban todo el peso que la ley prevé para sus horrendos crímenes.
Quinto, los estados comprendieron que las transiciones van más allá de las elecciones, por ello adoptaron medidas para construir instituciones sólidas, promoviendo la participación ciudadana y la inclusión social. De allí la importancia de iniciar un proceso de limpieza profunda de los organismos electorales y entidades que forman parte del sistema de administración de justicia. Ello porque estas instituciones deberán cumplir una tarea primordial: 1) Organizar procesos electorales íntegros para elegir de manera libre y soberana a la nueva representación política; y 2) Investigar, procesar, juzgar y castigar a los dictadores y sus cómplices.
Sobre lo expuesto, es importante reconocer que cada país -según su propio contexto- le ha puesto mayor énfasis a uno u otro de estos principios. Ello porque las transiciones son procesos complejos, pero no es menos cierto que en todos los casos la transición siempre se llevó a cabo bajo la lógica de la democratización.
Esto fue así porque en todos los casos se tomó como marco de referencia jurídica a la Carta de Naciones Unidas (que establece a la democracia como un valor universal y base de autoridad política), a la Declaración Universal de Derechos Humanos (que reconoce a la voluntad del pueblo como único fundamento del gobierno democrático) y al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (porque junto a la Convención Americana de Derechos Humanos y la Constitución Política de cada país proporciona la base jurídica para la defensa de derechos humanos como la libertad de expresión, reunión o participación política).
Por lo antes expuesto, consideramos -como lo ha indicado la Comisión de la Unión Europea- que no es posible pensar en una transición democrática sin la participación de los líderes de la oposición Edmundo González y María Corina Machado y la liberación de todos los presos políticos. Ello es así porque como ha ocurrido en todos los procesos de transición en la región será la voz del pueblo liberado de una dictadura la que marque soberanamente su propio destino.
El balance de una catástrofe
Ahora bien, lejos de entrar a la discusión sobre la legalidad jurídica del método utilizado por EE UU para capturar a Maduro lo cierto es que hoy Venezuela se ha liberado del gran responsable de su catástrofe. A continuación, vamos a compartir las cifras que la ONU, FMI, ACNUR y ONG como Foro Penal y Provea han documentado graficando la crisis, éxodo y represión vivida en Venezuela durante los doce años de dictadura de Maduro[1]:
La Real Politik
A la luz de esas cifras, no deja de sorprender que hoy la presidenta encargada de Venezuela sea Delcy Rodríguez, aliada, cómplice y secuaz directa del dictador Maduro, quien parece estar más preocupada en “permanecer en el cargo” obedeciendo las órdenes que le dicta la Casa Blanca que en iniciar un auténtico proceso de transición democrática en los términos que hemos explicado.
Afirmamos ello porque la presidenta encargada de Venezuela en su cuenta de Instagram ha dicho lo siguiente: “Extendemos la invitación al Gobierno de los EEUU a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco de la legalidad internacional y fortaleciendo una convivencia comunitaria duradera”.
Y frente a ello, ha recibido la siguiente respuesta por parte de Trump: “Queremos acceso a todo lo que pidamos, acceso al petróleo y a otras cosas que hacen falta para reconstruir el país, a carreteras y a puentes para reconstruirlos. Si las nuevas
nuevas autoridades no se comportan, habrá un segundo ataque. El nuevo gobierno venezolano “lo pagará muy caro” si no sigue las instrucciones que se le dicte desde Washington, ha enfatizado el presidente Trump.
Apunte final
Queda claro que ningún demócrata de América Latina (sobre todo los de izquierda) deberían lamentar la captura de un tirano como Maduro. Pero eso no quiere decir que no debamos exigir el inicio de una auténtica transición democrática en el más corto plazo. No solo porque eso es lo que el derecho internacional dicta sin porque éticamente el futuro de Venezuela les pertenece únicamente a los venezolanos.
Por eso, debería preocuparnos muchísimo que para el presidente Trump la liberación de los presos políticos no sea una prioridad, ya que como lo ha dicho “lo primero es arreglar el sector petrolero, después arreglar el país y finalmente, la celebración de nuevas elecciones”. En otras palabras, para Trump “business son business”, ya después se hablará de una transición democrática, recordándonos que “salvo el poder, todo es ilusión”.
[1] Las cifras las pueden revisar en este enlace https://www.infobae.com/venezuela/2026/01/04/represion-exodo-y-crisis-economica-los-numeros-de-los-catastroficos-12-anos-de-maduro-en-venezuela/