Este año, como cada año, asistimos a nuestra deprimente actividad anual, a saber, revisar las posiciones de las universidades peruanas en los rankings internacionales. Sólo una en las quinientas mejores universidades del mundo, titula la prensa nacional.
Movido por la curiosidad me puse a revisar los rankings con la finalidad de averiguar qué es lo que exactamente miden. Con qué criterios emprenden una empresa tan complicada y audaz como es clasificar a las universidades de todo el mundo.
Empezando por el ranking “QS World University Rankings” observamos que los cuatros indicadores que explican el 90% del resultado final son:
1. La reputación académica (ponderación de 40%) se mide mediante encuestas a “académicos” quienes listan el trabajo académico de las universidades.
2. La reputación laboral (ponderación de 40%) se mide mediante encuestas a los empleadores para que identifiquen cuales son las universidades de los que egresan los mejores graduados.
3. El ratio estudiantes por profesor (ponderación de 20%) pretende ser una aproximación para medir la calidad de la enseñanza.
4. Los trabajos de docentes citados (explica el 20%) mide las veces que es citado un trabajo académico por otros.
De la misma manera, otros rankings como el Ranking Académico de las Universidades del Mundo (ARWU), la Clasificación webométrica del CSIC (Webometrics) o la University Ranking by Academic Performance (URAP) comparten criterios similares. Si bien son un gran esfuerzo por tener indicadores globales de calidad educativa, su metodología no termina por convencer no solo porque en su afán por estandarizar pierden credibilidad, sino también por el enorme espacio geográfico que pretender abarcar, la subjetividad presente en sus indicadores y la amplia gama de disciplinas que tratan de alcanzar.
No seré yo quien desvalorice la información que alguno de estos rankings nos brinda, pero su importancia debería circunscribirse para los fines para los que fueron elaborados. Como ejemplo tomaré un caso que conozco bien que es el de las ciencias económicas. El ranking que elabora la Universidad de Tilburg sobre las facultades de economía del mundo se basa únicamente en la cantidad de trabajos de investigación publicados en las revistas económicas tops del mundo. Este ranking sería muy valioso para un economista que deseara realizar estudios de posgrado en el campo de la investigación económica, que requiere tener sólidos conocimientos de economía teórica y un dominio avanzado en matemáticas y estadística. Su importancia sería menor, para alguien que quisiera dedicarse al mundo de las empresas o a la gestión pública.
Si bien los rankings pueden ser una fuente de información útil, debemos ser prudentes en su uso. No deberíamos guiar o elaborar nuestras políticas solamente enfocándonos en mejorar posiciones, sino en definir primero que tipo de universidad queremos para nuestro país y cuáles son nuestras prioridades. Sólo de esta manera sabremos que debemos exigir a nuestros estudiantes.