La incapacidad moral para el Tribunal Constitucional, entre el positivismo y el naturalismo

El Tribunal Constitucional en la Sentencia recaída en el Expediente 00002-2020-CC/TC declaró improcedente la demanda competencial que exhortaba al Colegiado  delimitar jurídicamente lo que debía entenderse por incapacidad moral.

Del contenido de los votos dirimentes de los Magistrados podemos extraer dos posiciones que responden a filosofía jurídica y que enriquecen dicha sentencia. Es así que de los argumentos de la ponencia de la magistrada Ledesma Narváez quien aboga por la delimitación normativa de la incapacidad moral, podemos entender que sus fundamentos responden a una concepción positiva del derecho. En contraposición a esta posición, el magistrado Blume Fortini  adopta una posición iusnaturalista que rechaza cualquier intento de normativizar un concepto valorativo como, en este caso, es la moral. Obviamente, la situación política del país originada por las luchas de las facciones por el poder o la impunidad y, la información parcializada que difunden la mayoría de medios de comunicación mediatizan el alcance iusfilosófico contenido en esta sentencia. Por ello, creemos que es necesario hacer una digresión que nos permita delinear algunas ideas, desde nuestro punto de vista, acerca del naturalismo escolástico y el positivismo.

La escolástica entendió que el Derecho seria valido cuando la finalidad de ésta, sea  la justicia y; solo se podría alcanzar ello, cuando se complemente con la ley natural que es objetiva y por tanto la verdad. Esta dualidad respondía al pensamiento de Platón de las ideas, lo que significaba partir de la premisa de que los objetos podían ser conocidos de dos formas; por un lado, a través del conocimiento que permite conocer lo objetivo que era lo permanente de los objetos; y, por otro lado, a través de los sentidos que permitía no conocer sino opinar a partir de juicios subjetivos que se formaban a partir de los objetos. En consecuencia, el derecho natural representaba lo objetivo e inmutable, mientras que la ley positiva lo subjetivo y cambiante.

Sin embargo, a mediados de siglo XIX se produce un fuerte movimiento que se oponía a cualquier interpretación metafísica del Derecho que se conoce como positivismo. Entre sus principales exponentes encontramos a Compte, Jhering, Bentham, Kelsen, este último, autor de la Teoría Pura del Derecho, doctrina que ha tenido y tiene gran influencia en el mundo jurídico y; que en líneas generales concebía que el Derecho debía ser estudiado tal como es y, para ello debía ser liberado de toda concepción moral o social sin importar si era justo o injusto.

Sin embargo, creemos que el positivismo resalto negativamente y adrede el sentido idealista del  iusnaturalismo, el cual, como en el caso de la escolástica si estaba bastante influenciado por consideraciones teológicas, no obstante ello, su fundamento era la razón humana, porque como diría el doctor eximius Francisco Suarez el Derecho Natural responde a la razón, por lo cual el Derecho Natural es exclusivo de los hombres. Por esta razón, ellos entendieron que la norma seria injusta cuando sea contraria a la razón porque no permitía al hombre en libre albedrío discernir  entre lo bueno o lo malo. Por el contrario, el iuspositivismo prescindía de cualquier elemento valorativo contenido en el Derecho que pudiera determinar su justicia o injusticia, en tanto su objeto de estudio no era lo justo o injusto de la ley sino únicamente su aspecto formal, dicha característica lo hacía inocuo ante una democracia o una autocracia, pudiendo justificar tanto a una como a la otra de la misma manera, en tanto, desprendido de elementos valorativos la única preocupación del positivismo era la existencia de un poder que asegure el carácter coactivo del derecho imperativo.

En conclusión, en una época de gran relativismo como la que nos ha tocado vivir, el conocimiento y la  discusión entre iusnaturalismo y iuspositivismo no debe ser calificada de bizantina ni  ser relegada exclusivamente al ámbito académico ya que, hoy más que nunca las libertades individuales como la libertad de pensamiento, libertad de expresión, libertad de religión o propiedad corren peligro de ser restringidas por el legislador o gobernante de turno que siguiendo sus propios intereses no teniendo reparos en  hacer uso del Derecho, como expresión del poder estatal, para alcanzar sus objetivos. Un claro ejemplo de esta situación, es el fallido intento del ex presidente Martín Vizcarra, que no dudo en recurrir al Tribunal Constitucional con la finalidad de delimitar jurídicamente el concepto de la incapacidad moral, con el objeto de evitar su vacancia. Obviamente, Constitucionalista o no, toda persona con capacidad de razonamiento es capaz de conocer que tanto matar como mentir son actos no morales, pero eso no fue impedimento para que Vizcarra intentara utilizar el Derecho para restringir nuestra libertad, estableciendo que es moral y que no es moral al mismo estilo de los autócratas del siglo XIX que utilizaron el positivismo para imponer su poder.

Por estas razones,  resulta de mucho valor la posición del Magistrado Blume Fortini, debido a que  saca de sus cuarteles de invierno al iusnaturalismo para hacer frente al avance del positivismo jurídico.

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