Punto de Encuentro

Un gobierno fuerte

Perú vive momentos extremadamente violentos que generan mayor incertidumbre. Este contexto parece exigir que el Estado aborde los problemas más urgentes de la población. La inestabilidad política, el descontrol de la delincuencia y la informalidad —que ha alcanzado niveles sin precedentes— evidencian la ausencia del principio de autoridad y el colapso del sistema de justicia.

Ante este panorama, cabe preguntarse: ¿qué podemos hacer? Como lo he planteado en varias columnas, necesitamos una reforma total del Estado. Es fundamental que el nuevo Gobierno no se caracterice por una legitimidad débil y cuente con un contrapeso en el Legislativo, que hoy está fraccionado.
De no implementarse estas reformas, podríamos caer nuevamente en un círculo vicioso, en el cual nos encontramos hasta hoy.

Sin embargo, es importante recordar que el Perú ya ha pasado por situaciones similares. Hay una luz al final del túnel, siempre y cuando encontremos un “domador de egos” que pueda articular a la clase política a través del consenso. Este nuevo líder tendrá la misión de encontrar puntos comunes entre la derecha y la izquierda peruana, y, en democracia, actuar como un solo puño.

Ahora bien, debemos reconocer que esta tarea es sumamente compleja. En la región, cuando otros países han enfrentado situaciones extremas como la que vive actualmente el Perú, han optado por el autoritarismo como único medio para salvar al Estado. Con la supresión de poderes, el cierre de instituciones e, incluso, con el cambio de constituciones, el remedio ha sido peor que la enfermedad. Aunque se muestren avances económicos, estos no pueden desligarse de lo social. En ese aspecto, el Perú viene siendo una bomba de tiempo desde hace algunos años, como en la época de inicios de la República.

Después de más de 200 años, la clase partidaria podría demostrar madurez al unir esfuerzos y renunciar a sus egos. Esa actitud sería clave para que el país vuelva a brillar, como en la primera década del siglo XXI. Frente a ese riesgo autoritario, es necesario definir con claridad qué entendemos por un gobierno fuerte.

En este escenario, el Perú necesita un “gobierno fuerte”, con la firmeza suficiente para defender un enfoque  basado en derechos humanos universales sin distinción de política, y no favorecer algunos con privilegios determinados por organismos supranacionales con sesgos ideológicos. Es preciso tener un Estado que reconstruya el tejido social en el Perú, no con enfoques de género, sino con el fortalecimiento de la familia como institución formadora de buenos ciudadanos y la que le dará al país los mejores cuadros, universidades desideologizadas, para que tengamos expertos en desarrollo y progreso a través de los conocimientos que adquieren en estas aulas magnas, y la lista podría continuar.

Podemos traer como ejemplo a los países de Europa Central, que en base a pésimos resultados en sus sociedades,  entendieron que el conservadurismo es el camino de la paz social. Por lo que un gobierno fuerte es “reformista” y debe tomar decisiones claves para el bien común. No todos estarán de acuerdo con las decisiones de un mandatario. Sin embargo, es posible lograr consensos que no perjudiquen a un sector de la sociedad y todos salgan convencidos de que a veces lo mejor para el país, no da réditos políticos.

En vísperas de elecciones generales del 2026, la valla es muy alta y la oferta, engañosa. Con 43 opciones electorales, esperemos que los peruanos no actuemos de forma reactiva como lo hemos hecho en los dos últimos comicios. Podemos elegir esa administración que realmente nos prospere, que nos brinde paz, desarrollo y tenga el talento para “domar egos” en los próximos cinco años. No es imposible, pero sí muy difícil en una realidad como la de nuestro país.

NOTICIAS MAS LEIDAS