Una tarea pendiente de las administraciones estatales peruanas es la reforma educativa, enfocada en valores que impulsen el desarrollo nacional. A pesar de los discursos recientes de diversas autoridades, el sector educativo se ha convertido en una herramienta de ideologización del progresismo en el Perú, con colegios con una construcción precaria, además de una seria de deficiencias de nuestra población escolar en matemática, ciencia y lectura según los resultados de la prueba PISA (2022), no alcanzando los niveles básicos que se requiere para una educación estándar. En consecuencia, la población estudiantil ha experimentado una pérdida de valores, civismo y competencias.
El sistema educativo peruano, particularmente en el sector privado, está conceptualizado sobre un modelo mercantilista. Estos centros priorizan la formación en competencias específicas orientadas a la especialización universitaria, ofreciendo a los padres lo que podríamos llamar una 'educación combi'. En lugar de este enfoque limitado, se debería promover una educación integral basada en valores y emprendimiento. Idealmente, las escuelas deberían consolidar en los alumnos valores cívicos y conocimientos generales que sirvan de base para su aprendizaje posterior.
El sector público es peor. Durante estos años hemos sido testigos de la falta de preparación de los docentes, además de la búsqueda de la formación de alumnos ideologizados, con un resultado más que pobre. Esta combinación de factores ha contribuido significativamente al deterioro de la calidad educativa en las instituciones estatales.
La visión de una educación renovada en Perú podría basarse en una reestructuración para ofrecer cursos que fomenten el emprendimiento formal desde las aulas. Los alumnos podrían utilizar la creatividad como motor de su educación, complementando su formación con cursos como constitución de empresas y desarrollo de tecnología. Esto brindaría a los estudiantes la oportunidad de generar sus propios recursos al egresar y evitar un vacío formativo, dotando a la sociedad peruana de ciudadanos preparados técnicamente desde temprana edad.
Una estrategia a largo plazo para combatir la criminalidad organizada es también la educación, si es que es materia de una reforma integral del sistema educativo. La falta de voluntad política ha obstaculizado dicha reforma en los últimos años, y la actual administración solo ha logrado formar estudiantes mediocres, producto de una visión progresista.
Además del deficiente sistema educativo, una serie de factores contribuyen a su ineficacia, entre ellos el ausentismo escolar y la disfunción familiar, que incrementan el riesgo de que los jóvenes se involucren en actividades criminales.
La solución reside en impulsar escuelas técnicas que ofrezcan una formación orientada al trabajo y una visión de progreso a los adolescentes. Estos centros, además, deberían ser bilingües para formar especialistas técnicos a temprana edad que puedan integrarse a la Población Económicamente Activa (PEA). Para ello, se requiere contar con docentes bien formados y una educación focalizada, adaptada a las múltiples realidades de nuestro país. La educación es fundamental para que el Perú aspire a ser una potencia regional, pues ya hemos constatado que el crecimiento económico por sí solo no es suficiente. El Perú necesita la educación como base para un crecimiento y progreso genuinos en los próximos años.